El conocimiento

Existen dos tipos de conocimiento. El primero es: conozco algo que existe. Por ejemplo, puedo contar el número de participantes aquí presentes. Tengo el conocimiento de cuántos han venido. Para eso, ellos tienen que estar ya aquí, para que los pueda contar y saber algo de ellos. Eso es el modo de conocimiento del que habitualmente hablamos. 

El conocimiento del espíritu en cambio es siempre nuevo, no se refiere a nada que ya esté aquí. Es siempre nuevo. 

Además, los movimientos que nos mantienen en´la vida no son establecidos una vez para siempre, sino que se renuevan en cada instante. Siempre nuevos. Todo lo que transcurre en nosotros es siempre nuevo. No hay nada viejo. Todo lo que se mueve lo hace alejándose de algo ya existente hacia algo nuevo. De esta manera, estamos continuamente mantenidos en movimiento y en vida por este espíritu. 

Este conocimiento del espíritu por ser nuevo es primero. Es conocimiento creador. Nos podemos adentrar en el movimiento del espíritu con un conocimiento creador y eso se llama mística natural. 

Al sintonizar con este movimiento creador, al pensar en modo creativo, nuestro pensamiento se alinea con el movimiento del espíritu. Entonces, conocemos de modo directo lo nuevo que a su vez sirve a la vida y al amor. 

Asimismo, todo lo que pensamos tiene efecto. Pero no siempre está en armonía con el movimiento del espíritu. Mucho de ello se encuentra en oposición, por decirlo así, al movimiento. Pero eso no tiene importancia. Si pensamos errado, esto sirve para educarnos, porque nos tocará sentir los efectos. Y así, maduramos y aprendemos. Sin deslices y sin errores no puede haber desarrollo. Todo crecimiento se basa en fallos. La infalibilidad es lo peor que hay, porque todo se detiene ahí. 

Eso constituye la mística, una mística muy corriente, surgida de la observación directa de lo que hay. 

Bert Hellinger

Un nuevo despertar de la conciencia: el sentido trascendente de este tiempo

¿Es posible transformar este estado de preocupación, de desolación y de pérdida y sentir que también se nos devuelve una oportunidad? ¿Es posible encontrar un sentido más profundo a este momento?
Una vez más, la vida nos vuelve a poner a todos frente otro gran “no”. El tiempo por venir regresa empoderado de urgencia, de restricción y de encierro. ¿Es posible transformar este estado de preocupación, de desolación y de pérdida y encontrar un sentido trascendente a este tiempo?Estoy segura de que sí, por eso me atrevo a escribir estos párrafos, ahora y en este lugar.

Bien lejos de los slogans de moda un poco pervertidos por el abuso y la banalización, hay personas que tienen la palabra y la transmisión de saberes autorizados, por la maestría y la coherencia que les da su trabajo personal.

En ocasiones, tengo el privilegio de compartir conversaciones profunda con ellas y los privilegios son para compartir. Este tiempo, me encontró hablando en profundidad con Sara Levita sobre el propósito mayor de este tiempo inédito que parece no tener fin. Como muchos saben, Sara es la mayor referente de constelaciones familiares en Argentina. Además de ser psicóloga con orientación junguiana, tiene un amplio bagaje de saberes legitimados por la Academia, y otros, por la enseñanza espiritual a la que tuvo acceso desde muy joven. Estoy segura de que su palabra y su explicación sobre el sentido trascendente de este tiempo, puede acompañar a muchos y a muchas más.

“El sentido trascendente de este tiempo, está relacionado con el llamado urgente al despertar de la conciencia. Sin embargo, a cada uno de nosotros, todo este movimiento casi obligado, nos encuentra posicionados en un lugar diferente. Por eso lo trascendente, para cada uno, se va a vivir de una manera única de acuerdo a cual sea nuestro punto de partida” explica Sara.

“Es un proceso que todos podemos elegir hacer, para ampliar y profundizar nuestra visión, y nuestra perspectiva.

Desde hace más tiempo del que puedo recordar se habla mucho de este despertar. Ahora es un concepto que se ha naturalizado en ámbitos insospechados, pero muchas veces, “el despertar” se llena de brillantina espiritual y la confusión se acrecienta. Muchos lo utilizan para justificar lo que sea que suceda y evadir así cualquier compromiso con el proceso, que en realidad, necesita de nuestra activa participación. Entonces, la pregunta se precipita con urgencia. ¿En qué consiste, en realidad, el despertar de la conciencia? ¿A qué nos convoca? ¿Cómo se experimenta?

Qué entendemos por “despertar”

“Es un proceso que todos podemos elegir hacer, para ampliar y profundizar nuestra visión, y nuestra perspectiva. Si logramos recordar y sentir que somos mucho más que lo que ahora creemos podremos ir alcanzando nuevas comprensiones, expandir nuestro corazón y reformular nuestro sistema de creencias. Ahora, se propicia otra vez, la posibilidad de estar más tiempo en contacto con nosotros mismos y en nosotros. Podemos usar estas circunstancias a nuestro favor, tomar la oportunidad y dejar de resistir el contacto íntimo con quienes somos para permitirnos empezar a cambiar lo que este presente nos hace sentir y sobre el sentido más profundo de este tiempo, que nos convoca a hacer un proceso individual y colectivo de transformación”, explica Sara Levita quien también dirige el centro de Constelaciones familiares Athy.

Estamos todos atravesando un canal de parto. “Este ciclo, también es similar a un momento de nacimiento. Previamente, al nacimiento existe un proceso de parto que es muy doloroso. Así llegamos a la vida, a través de los dolores de parto. Nacer es un hecho traumático. Llegar a la vida implica que toda una vida intrauterina que en ese instante queda en el pasado, para poder vivir lo nuevo que espera por nosotros”.

Sara no tiene dudas. Ella está segura de que hoy estamos viviendo, todos, un parto colectivo. “Cada uno de nosotros está atravesando ese canal de parto, de forma individual a partir de la conciencia y del desarrollo espiritual que este tiempo nos encuentra. El canal de parto es muy doloroso y traumático. Aunque la conciencia no lo tenga todavía presente y en la mayoría de las personas este saber no termine de encarnar en su cuerpo, el alma si sabe que todo este movimiento tiene que ver con poder llegar a lo nuevo, un nuevo estado de la conciencia.”

Para explicar este tiempo, Sara sigue con la analogía con el nacimiento: “Nosotros no tenemos memoria de lo que sentimos cuando de pronto nacemos por parto natural y encajamos en el canal de parto. Es un espacio de máxima estrechez en el que nos sentimos mal, si cabe la palabra mal, urgidos en seguir hacia adelante porque ya no podemos volver hacia atrás y sabemos que si en ese lugar permanecemos, lo que nos vino dando vida durante 7, 8 o 9 meses nos la puede terminar quitando. Entonces en ese instante somos todos empujados a seguir hacia adelante hacia un lugar desconocido, nuevo, donde no tenemos control, donde no tenemos una imagen previa, pero sin embargo sabemos que hay algo que hacia ahí nos conduce. Yo entiendo que algo semejante está sucediendo en este momento. Estamos encajados todavía en esa suerte de canal de parto, donde todo es estrecho, donde todo es limitante, donde hay poco espacio para moverse, de hecho nos piden que nos quedemos en casa, donde no tenemos control sobre nada, no nos podemos anticipar a nada, donde cada día la información es diferente, y por ende cada día las recomendaciones son distintas. Ya no estamos haciendo identidad en todo lo que antes de la pandemia nos daba sentido a nuestra vida tal como la estábamos experimentando, pero tampoco todavía llegamos a lo nuevo. Por eso este es un tiempo muy difícil para el aspecto egoico de cada uno de nosotros que en general, pretende vivir con certidumbre, vivir con seguridad y aferrado a lo conocido en donde sosteníamos la ilusión de que nuestra vida se podía controlar, de alguna manera”.

¿Cómo saber si lo estamos haciendo bien?

Si bien somos muchos los que sabemos que cuando este tiempo termine y dejemos de vivir en una eterna turbulencia y obligados a nueva forma para todo, habremos llegado a un mejor lugar, el tránsito hacia lo nuevo, nos trae dolor, apatía, sin sentido. Una pregunta inquietante y fundamental es ¿cómo saber si lo estoy transitando bien? ¿Cómo saber que estamos yendo hacia algo mejor, si en realidad muchas veces nos sentimos peor?

El despertar de conciencia tiene que ver con la mirada que cada uno de nosotros nos permitamos tener en este momento sobre el propio proceso personal.

“La clave de esta experiencia está muy relacionada con el ego. No somos solamente ese Yo. Somos algo mucho más grande. Esto es, en parte, lo que estamos siendo obligados a trabajar. Por más que queramos darle al ego supremacía, nada conspira a favor de que eso pueda resultar. Cuando insistimos en hacer identidad en lo que ya no somos y en lo que ya no es, el miedo, la inseguridad y la angustia se acrecientan. El despertar de conciencia tiene que ver con la mirada que cada uno de nosotros nos permitamos tener en este momento sobre el propio proceso personal. Hay un momento, en la vida de cada uno donde los golpes que el ego recibe son tantos que finalmente podemos decir ‘suficiente’. Es entonces cuando finalmente nos podemos inclinar ante lo que es, con ese movimiento también se produce la posibilidad de honrar a este destino colectivo que nos está invitando a ofrecernos al servicio de él. Por eso este es un tiempo de atravesar otro umbral bendito, aunque en un nivel, solo nos traiga dolor. Nuestra lección va a estar dada por la conciencia. Una comprensión más profunda de lo que sucede, nos va a permitir entrar y salir de los estados que estamos obligados a atravesar con mayor facilidad. No vamos a poder evitar entrar en las emociones y en los pensamientos caóticos. Lo que sí podemos trabajar con todas las herramientas, saberes y comprensiones que tengamos en este momento, es cuánto tiempo vamos a permanecer en ese lugar. De acuerdo a ese tiempo serán los costos personales y emocionales que vamos a pagar. Es ahí cuando nuestro libre albedrío y nuestra responsabilidad emergen de forma más evidente y todo se manifiestan de forma más clara como una real oportunidad”, sostiene Sara.

Este proceso, y este tiempo, también nos provoca tristeza y cierto ensimismamiento. Para ir a buscar ese nuevo destino, esa nueva conciencia, cada uno de nosotros tiene que dejar morir certezas y aspectos de la personalidad que ya no son. Estamos también, haciendo un duelo de nuestro antiguo ego. Es semejante a ese momento que comparten todas las historias de héroes con las que hemos crecido. Llega el tiempo en el que el protagonista tiene que hacer una ofrenda a los dioses. Para dar el siguiente paso, está obligado a hacer un sacrificio.

“Entiendo que llegó ese tiempo, en el que todo lo que está sucediendo está al servicio de reconocernos como parte de un destino colectivo. ¿Para qué? Para que, a partir de los que quizás pudieron andar estos pasos antes, sumado a los que están dándolos ahora, y a quienes quizás los van a dar un poco más adelante, confluyamos todos, al fin como humanidad y podamos alcanzar una expansión en nuestra conciencia. Esta expansión, nos permitirá recuperar una certeza necesaria y otra pertenencia para vivir la vida de una nueva forma. Necesitamos reconocer que somos parte de una red y que la red está al servicio de un propósito que es la Vida Misma, con mayúscula. No es casual que, en este tiempo estemos priorizando y revalorizando la vida personal, la del prójimo y la de toda la humanidad. Sin dudarlo, hay una nueva vida que espera por nosotros”, afirma Sara.

Que así sea.

Reflexiones: La grandeza

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¿Dónde radica mi grandeza? En mi servicio a la vida, tal vez incluso en el servicio de la vida para muchas personas. ¿Pero qué o quién aquí sirve la vida? ¿Seré yo, desde mi fuerza, desde mi comprensión, por encargo propio, en mi interés? ¿De dónde me vienen mi fuerza y mi tarea? ¿Acaso me las puedo atribuir, como si yo estuviera al origen de ellas y como si estuvieran a disposición de mi juicio, de mi humor y de mi buen placer? Cuando percibo cuánto proviene de mí personalmente en lo que hago, ¿qué es lo que queda de mí? ¿Acaso no se encoge mi grandeza si me la atribuyo, reduciéndose a poco, incluso a nada?

Otro tema es lo que, en sintonía con fuerzas más grandes, me sale logrado, porque otros también lo experimentan como grande e importante, y por eso permanece grande. No obstante, hace una diferencia si ellos, igual que yo, lo experimentan y lo toman como viniendo de lejos, desde otras fuerzas o si, de lo contrario, miran hacia mí, tomándolo de mí, sintiendo necesidad de agradecerme, como si yo lo hubiera hecho y completado solo. Si ellos lo viven como viniendo de otras fuerzas, de aquellas que actúan potentemente detrás de toda vida, lo toman de estas fuerzas, como un obsequio de ellas. Entonces, en aquel instante, se transforma en algo que les pertenece tanto como a mí. Tienen el permiso para prescindir de mí, incluso olvidarme. Tanto más se mantendrá y actuará esta grandeza, sin resistencias internas, al servicio de sus vidas.

Esta grandeza ha hecho también algo para mí, algo grande. Si reconozco que me he puesto al servicio de otras fuerzas, tengo el permiso para llevarla a mi vida y a mi amor. ¿Cómo? Humildemente. Precisamente porque actúa tan grande y ampliamente, yo reconozco que sobrepasa mis capacidades, mis deseos y voluntad, mis miedos. Reconozco que siguió un movimiento y que yo sólo fui llevado por ella.

¿Me puedo alegrar por esta grandeza? Si me alegro por ella y por mis éxitos, ¿qué me pasa? ¿Me mantengo aún en sintonía con este movimiento? ¿O se aleja ella hacia otro lado y sin mí, hasta tal vez, de alguna forma, voltearse en contra de mí, por ejemplo a través del rechazo al que se confrontan estos éxitos, sean cuales sean?

¿Cómo escapo a las consecuencias de alegrarme por mis logros? Dejo los éxitos atrás y permito que un movimiento aún mayor me lleve hacia un nuevo hacer al servicio de la vida, aquí también sobrepasando mis deseos, mis ilusiones y mis miedos.

¿Cómo se queda pues, mi grandeza? Se queda, pero sin el “mi”.

 

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Bert Hellinger

Historia de Sanación

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Existe una frase de Rilke, donde él dice:” ¿Quién vive la vida? ¿La vives tú, Dios, la vida? ” ¿Será que otra fuerza vive nuestra vida y que nosotros solamente nos debemos entregar a ella y confiar? ¡Os cuento una historia, muy simple, lejos de lo profundo y de lo lejano y del karma! Es una historia de sanación. Se encuentra en el Antiguo Testamento. La tomo sin más de la Biblia. Por cierto, me he permitido pequeños cambios, pero es una historia bíblica. ¿La queréis oír? Cuando la escucháis, olvidad lo que habéis oído sobre las enfermedades y sobre los esfuerzos que muchos hacen para deshacerse de ellas.

La exigencia
En el país de Arán, ahí donde se encuentra Siria hoy en día, vivía en tiempos antiguos un general, que amaba a su rey y le era fiel, habiendo conseguido por él ya muchas victorias importantes. Pero algo fallaba con él. No podía más entrar en contacto con nadie, ni siquiera con su mujer, porque padecía lepra.

Un día, oyó una esclava comentar que en su país existía un hombre que conocía el remedio para su enfermedad. Entonces, organizó una importante escolta, cogió unos diez talentos de plata, seis mil piezas de oro, diez trajes de fiesta más una carta de recomendaciones de su rey y emprendió camino. Después de un largo viaje y algunos desvíos, el hombre alcanzó la morada del curandero. Ahí delante se encontró, con toda la comitiva y sus numerosos tesoros, llevando de la mano la carta de su rey. Llamó para que lo dejaran pasar. Pero nadie hizo caso de su presencia. Se empezó a intranquilizar y a sentirse irritado. De pronto, se abrió una puerta, salió un servidor y le dijo:”Mi amo te manda decir que te bañes en el Jordán y esto te sanará”.

El general pensó que se burlaban de él y se sintió ridiculizado. “¿Qué? dijo, ¿éste se pretende un curandero? ¡Habría podido venir a atenderme, habría podido llamar a su dios y celebrar algún ritual, habría tenido que tocar con sus manos cada herida de mi piel! ¡Esto me habría quizás ayudado!”Enfurecido, se dio la vuelta y se fue para casa.

¿Os suena esto? A mí me suena. El curandero acababa de perder a otro cliente. ¿Sigo con la historia?

Habiendo viajado ya un día entero de vuelta a su país, los servidores del general se le acercaron y le trataron de convencer buenamente: “Amado padre, si este brujo te hubiera pedido algo inhabitual, como por ejemplo, que te subieras a un barco para alcanzar algún reino lejano, si te hubiera exigido prosternar ante dioses desconocidos, y si hubieras perdido tu fortuna en ello, por cierto lo habrías hecho. Pero ahora, te ha pedido algo de lo más sencillo y habitual.” El general se dejó convencer. Desalentado y malhumorado, se dirigió hacia el Jordán, se lavó de mala gana en el agua- y ocurrió un milagro. Eso era una terapia ultra corta, por supuesto.

Al llegar a su casa de vuelta, su mujer quiso saber cómo le había ido. “Ay, dijo, estoy bien otra vez. Pero en realidad, no pasó nada en especial.”

¿Queréis que lo aplique a nuestra situación aquí? Claro que sé a quién representa el Jordán. Lo sé de experiencia. Siempre lo mismo. Se vuelve casi aburrido ya, a la larga, hablar de lo mismo. Pero existen tantas variaciones que se vuelve interesante otra vez. Entonces, el Jordán en el que nos adentramos, por el que nos dejamos tocar y sanar, es nuestra madre. Ahí comienza la sanación.

Desalentados y malhumorados, igual nos acercamos y entonces, nos volvemos pequeños. Ante nuestra madre, nos volvemos pequeños y humildes. Esperamos lo que ella nos brinda. Lo tomamos en nuestro corazón con amor, la vida.

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Meditación: sanación gracias a la madre
Nos acercamos con humildad hacia nuestra madre, tal como es. Así como es, nos ha regalado la vida. No tuvo que ser diferente. Porque era como es, nuestra vida llegó a través de ella hasta nosotros.

Ahora nos bañamos en esta vida, en este amor, hasta ser puros, purificados de nuestros reproches, de nuestras imágenes que le hacen injusticia a ella, injusticia a la vida.

Abordamos la orilla, purificados. De esta manera puros, empezamos nuevamente nuestra vida, con amor, con salud, llevados por fuerzas más grandes, y de pronto estamos en el amor, el amor completo.

 

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Bert Hellinger

Enfermedad y karma

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Las enfermedades sacan a la luz algo inconcluso. Nuestra gestión habitual de la enfermedad impide que esto ocurra porque, lo que buscamos en la mayoría de las veces, es deshacernos de ella. Podría decir incluso: de esta misma manera, nos queremos deshacer de un karma. Y cuando nos hemos librado así de la enfermedad, el karma sigue su camino. Esa forma de tratar la enfermedad se eleva en contra de la salud en su totalidad. Sobre todo, se eleva en contra de un amor más grande.

En las enfermedades, podemos observar que ellas representan a personas que han sido excluidas. Estas personas, a través de la enfermedad, piden la palabra. Si les permitimos manifestarse, puede a continuación iniciarse en nuestro interior un movimiento hacia estas personas excluidas. Entonces, la enfermedad cumple con su propósito. Está al servicio de un amor más grande.

A veces, sabemos quiénes son las personas excluidas. Por ejemplo, sabemos si un hijo ha sido dado o si ha sido abortado. A veces, sabemos si alguien en la familia ha sido condenado por ser un criminal, llevando a que nadie más quiera meterse con él. No obstante, él sigue perteneciendo a la familia y se manifiesta en una enfermedad. Por lo tanto, se trata en caso de enfermedad sobre todo de asentir a ella, tal como se presenta. Sólo con este asentimiento, puede la enfermedad empezar el movimiento que incluirá nuevamente a los excluidos.

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Meditación: Sanación a través de otra consciencia
Nos adentramos ahora en nuestro cuerpo y sentimos dónde algo duele, dónde algo perdió su equilibrio, dónde algo dejó de funcionar enteramente, y lo miramos. De cerca, con precisión, siguiendo nuestro sentir. Luego, creamos una distancia entre eso y nosotros, de modo que pueda estar fuera de nosotros, de pie, tumbado o en movimiento.

Con este mayor distanciamiento, nos exponemos a ello. Nos exponemos como personas. Entonces, nos elevamos a una dimensión del espíritu, más allá de ello, y sintonizamos con una consciencia abarcadora. Esta consciencia mira a nuestras enfermedades y a nuestros dolores, los ve en otro contexto y contempla la totalidad con un amor creador. A la luz de este amor, algo sanador se pone en marcha, juntando en su movimiento las partes separadas, para que puedan encontrar la calma y tumbarse para dormir.

Entonces, nos retiramos de aquello que pasó y dejamos que, por si mismo, se ordene.

Regresamos a nuestro cuerpo, en sintonía con estas otras fuerzas y con esta otra consciencia, y decimos: gracias.

La percepción

Dentro del campo, la percepción de los miembros del grupo es reducida.

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En un campo, todos los patrones se repiten, y claro también los patrones de comportamientos humanos, principalmente porque lo excluido o los excluidos excluyen también con toda buena consciencia a aquellos que los excluyeron, de manera que el conflicto entre ellos no es más que un conflicto entre dos buenas consciencias que se oponen. Ambas están restringidas y ambas están en un delirio que les hace creer que podrán finalmente vencer al otro y librarse de él.

Por lo tanto, la rueda del conflicto gira alternadamente de tal manera que los “buenos” de antes se vuelven los “malos” de después, y a la inversa, los “malos” de antes” son los “buenos” de ahora.

Rupert Sheldrake ha observado que un campo sólo puede modificarse cuando un impulso nuevo, originado desde el exterior, lo viene a poner en movimiento. Este impulso es algo espiritual, es decir que llega desde una nueva comprensión. En un principio, el campo se niega a esa comprensión e intenta reprimirla. No obstante, en cuanto un número suficiente grande de miembros del campo es abarcado por esa comprensión nueva, se inicia un movimiento de todo el campo. Se logra abrir a la comprensión. Consigue dejar atrás lo desfasado y actuar de otra forma.

Una comprensión nueva sería, por ejemplo, la percepción de que los conflictos graves tienen su origen en la buena consciencia y que ganan sus energías agresivas de ella.

Otra comprensión se dio a raíz de las constelaciones familiares y su desarrollo en el andar con los movimientos del alma. Se ha visto que, al otorgar suficiente tiempo a los representantes de una constelación y cuando se encuentran centrados, son repentinamente cogidos por un movimiento que se orienta siempre en la misma dirección, y eso sin interferencia de fuera. Este movimiento lleva a juntarse, en un plano superior, a lo que estaba anteriormente separado. De esta manera, estos movimientos del alma nos trasladan a un camino de conocimiento al final del cual los grandes conflictos pierden su fascinación y su sentido.

Estos movimientos sobrepasan las fronteras de la buena consciencia y por lo tanto, las fronteras del grupo propio, re-unifican lo que estaba separado para formar una unidad mayor, que enriquece ambas partes y las hace ir hacia delante.

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La otra consciencia
En el nivel de los movimientos del alma, actúa otra consciencia. A la par de esa consciencia que nos hace sentir culpables o inocentes, existe y se nos hace perceptible aquella consciencia que nos orienta en sintonía con algo más grande, más allá de las fronteras de nuestro grupo y que une, a un nivel superior, lo que se encontraba aquí en oposición. Pero solamente cuando ya hemos recorrido un trecho del camino que nos lleva a sobrepasar los límites de nuestra consciencia habitual. Esta otra consciencia se hace notar a través de la tranquilidad o la intranquilidad, de la serenidad centrada o también de un sentimiento de ausencia de metas, de agitación y de ya-no-saber-nada. Tras de que, si acaso perdemos nuestro recogimiento, acabamos nuevamente bajo la influencia de la buena y mala consciencia. Porque la sintonía significa que estoy con muchos, y finalmente con todos, en sintonía y que no soy enemigo de nadie. En cambio, en el marco de influencia de la buena consciencia, estoy únicamente vinculado a un lado, en conflicto con el otro lado, hasta la voluntad de exterminio.

Entrar en el campo de influencia de la otra consciencia, significa pues que dejamos atrás las imágenes de enemistad. A decir verdad, existe también en ese nivel el conflicto – eso pertenece inevitablemente a todo crecimiento y desarrollo – pero sin imágenes y sin voluntad de exterminio. Y más que todo, sin ímpetu y sin afán.

¿Dónde pues empieza la gran paz? Ahí donde acaba la voluntad de exterminio, cual sea su justificación, y ahí donde el individuo reconoce que no hay humanos mejores y humanos peores. Todos están intrincados a su manera, y por lo tanto atados, ni más ni menos que nosotros. En ese sentido, somos todos iguales.

Cuando lo percibimos y lo reconocemos, cuando realizamos que nuestra consciencia no nos deja libres, podemos encontrarnos mutuamente sin arrogancia. Respetando las fronteras que se nos imponen, podemos echar un ojo por encima de nuestra buena consciencia y andar más allá y encontrarnos en algo más grande. Aquí empieza la gran paz.

El otro amor
El camino hacia esta paz lo va preparando otro amor, un amor que lleva más allá de las fronteras de la buena consciencia. Jesús ha descrito este camino, así como lo dice: “Sed misericordiosos como mi Padre en el cielo. Él deja brillar el sol sobre los buenos y los malos y deja llover sobre los justos y los injustos”.

Ese amor por todos tal como son, es el otro amor, el gran amor, más allá del bien y del mal y más allá de los grandes conflictos.

La comprensión

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He descrito aquí el tema a grandes rasgos y de manera global. Igual que en la vida, estas generalidades no hacen justicia a la plenitud de lo concreto. Vistas de fuera, la guerra y la paz parecen, en su alternancia y su dependencia mutua, como una fatalidad insoslayable. Y lo son mientras los nexos más profundos entre guerra y paz permanecen en la inconsciencia de nuestra propia alma, inaccesibles para lograr una comprensión esencial.

Una comprensión es que cada conflicto grande está destinado a fracasar. ¿Por qué? Porque niega lo que es obvio y porque desplaza hacia fuera lo que sólo tiene solución dentro de nuestra alma.

Con eso, no quiero decir que todos los conflictos se pueden arreglar de esta forma, ni que podemos acomodarnos sin conflictos. Éstos pertenecen inevitablemente al desarrollo de los individuos y de los grupos. No obstante, las comprensiones esenciales permiten solucionar los conflictos de mejor manera, con más discernimiento y con el reconocimiento de las necesidades de cada parte así como los límites que les son determinados para una solución concertada. Al final, toda paz se alcanza a través de una renuncia.

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La paz interior
El individuo vive constantemente un conflicto interno entre sus sentimientos, necesidades y pulsiones. Cada uno de ellos es importante pero sólo pueden prevalecerse y alcanzar su meta en la medida en que se respetan mutuamente y encuentran un acuerdo. Al hacerlo, algo obtienen a la vez que, con miras a la totalidad, deben renunciar a algo. Cuando están en equilibrio entre ellos, nos sentimos buenos y en paz. Pero mientras se mantienen en conflicto, mientras sus límites y sus posibilidades no se han establecido, nos sentimos mal a gusto, quizá también agitados, a veces enfermos y agotados.

La pregunta es: ¿se trata aquí solamente de un conflicto interno o de un conflicto externo trasladado al interior? Pues, se trata de un conflicto tanto interno como externo. Para entender mejor esta combinación entre interior y exterior, me conecto de nuevo con el campo del espíritu.

La paz en un campo del espíritu requiere sine qua non que todos los que le pertenecen estén reconocidos igualmente como pertenecientes al campo. Esto se logra solamente cuando los “buenos” han examinado lo malo y lo peligroso de su propia buena consciencia. Sólo entonces logran sobrepasar los límites de la buena consciencia, aunque sea con un sentimiento de culpa y mala consciencia. Sólo entonces consiguen dar, en este campo, un lugar con los mismos derechos a lo excluido, sobretodo a las personas excluidas.

La gran paz

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El amor
Junto con los conflictos que, en su mayoría, nacen de la buena consciencia y de la voluntad de supervivencia, existe también entre las personas un movimiento de acercamiento mutuo, un anhelo por vincularse y la curiosidad por conocerse de más cerca.

Este movimiento se inicia entre hombre y mujer gracias al amor, cuando ambos pertenecen a familias distintas. Gracias a esa nueva pareja, se acercan las familias y van formando un clan, dentro de cuyos límites reina la paz.

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El intercambio
La otra vía por la que familias distintas se acercan y abandonan su temor frente a otras familias, es el intercambio entre dar y tomar, lo cual brinda ventajas para ambas partes y las vincula más estrechamente entre ellas. A veces, acontece que se juntan para encarar una amenaza desde otros grupos, de modo a asegurar sus chances de supervivencia juntos.

Cuando se necesitan aliados en un conflicto, se juntan las diferentes partes frente a un enemigo común. El intercambio se intensifica gracias a eso, así como la cohesión. Es así como la paz interna es servida por las amenazas exteriores y el enemigo.

La consciencia
Este grupo desarrolla una consciencia común que le permite delimitarse frente a otros grupos. Bajo la influencia de esa consciencia, los pertenecientes al grupo se sienten mejor que los otros y los denigran. Todo lo que sirve el grupo propio y debe ser cumplido como condición para la pertenencia, es recompensado por la consciencia con el sentimiento de ser bueno, incluso de ser el mejor. De esta forma, todo lo que va dirigido en contra de personas fuera del grupo y que sirve los límites y la protección de ese mismo grupo, se verá recompensado y aprobado por la consciencia como algo bueno, incluyendo los sentimientos agresivos, que aumentan la disposición al conflicto y al combate. La paz en el interior y la buena consciencia que la asegura son requisitos para una superación exitosa de los conflictos hacia fuera.

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La impotencia
¿Cómo lograr, pues, la paz entre grupos en conflicto? Habitual y solamente cuando las diferentes partes no dan más y que sus fuerzas se agotan – siempre y cuando sean de potencia similar – y cuando ambas partes comprenden que la continuación del conflicto sólo traerá más pérdidas. Entonces concluyen la paz. Delimitan nuevas fronteras, respetan sus límites respectivos y después de un tiempo inician nuevamente el intercambio entre dar y tomar, llevando quizá luego a una unión como grupo más grande.

El triunfo
Pero ¿qué ocurre cuando un grupo ha vencido y sometido a otro, incluso tal vez ha buscado exterminarlo? Después de su victoria, el grupo ganador pierde su cohesión interna. Con eso, el grupo vencido se hace valer nuevamente. Al triunfar, el grupo vencedor empieza a deshacerse y a decaer.

Bert Hellinger

¿Cuál es la influencia del nombre en tu vida?

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¿Quiere saber cómo influye tu nombre en tu vida? El nombre propio se usa para distinguir a una persona de otro. Aunque curiosamente los nombres a los hijos se suelen repetir de generación en generación. ¿Quieres saber por qué?
Nuestro nombre es una especie de «impronta», que nos define el resto de nuestra vida. Cada nombre lleva una carga sistémica. Porque nuestros padres, lo hacen en honor a ellos mismos o a algún familiar amado. Es importante saber, ¿Cuáles fueron los motivos que los impulsaron a colocarnos nuestro nombre? ¿Fueron ellos quienes lo hicieron o fue otro familiar?

En los nombres propios se condensa a un nivel, nuestra identidad. Por lo tanto, si por ejemplo, se le coloca a un hijo el nombre de un miembro de la familia. Indirectamente se le está pasando la carga de esa persona. El nombre produce e induce una serie de sucesos repetitivos en todo sistema familiar.

Cómo influye los nombres típicos en tu vida

Nombre de Santos
Se puede pretender saldar una deuda pendiente. Ya sea porque el niño ha estado en peligro o por una culpa familiar. Se le da la carga al niño de sufrimiento y sacrificio que ha llevado el Santo. Y se coloca expectativas sobre él de llevar una vida abnegada de servicio a los demás.

Nombre del sexo contrario a tu género (Ej. Juan María, María José, etc.)
Se le dice indirectamente al niño que se esperaba un niño de sexo contrario. El niño puede tener la sensación de que decepciona, y no satisface las expectativas de sus padres. Puede buscar complacer a sus progenitores a toda costa, sin nunca llegar a conseguirlo. Vive con una sensación de inadecuación a lo largo de su vida. También, puede asumir características o actitudes del sexo contrario. Llegando a sentirse dividido.

Nombres de Ángeles (Terminan en “El” Gabriel, Rafael, Ángel, etc.)
Todos los nombres que termina en «EL» Significa Dios. En este caso cabe preguntar, ¿quién ha muerto joven en el sistema? ¿un aborto previo o un hijo antes de nacer? ¿Quién ha sido el angelito que ha muerto e intentan revivir con este nombre? También puede ser que la vida de este niño haya estado en peligro y se perciba como un milagro.

Nombres de Ancestros muertos
En estos casos es importante revisar la vida de esa persona y ver si se está repitiendo la historia. Es recomendable “honrar profundamente a esta persona en nuestro corazón”.

Nombre de un hijo previo fallecido
Priva al niño de su identidad propia. Y a partir de allí, lo lleva a ser como un “recipiente vacío”. En donde reside el recuerdo del niño anterior. Con todo esto la persona verá toda su creatividad, sus afectos y toda su existencia bloqueadas por “un cadáver”. Esto lo hacen los padres, para no experimentar el dolor del duelo. De esa forma reproducen al muerto en el siguiente hijo.

Nombre que se repite
Existen personas que tienen una fuerte influencia en el sistema familiar. Es por ello, que colocan su nombre a diferentes descendientes. Por ejemplo, se repite el nombre del abuelo José, en todos los nietos. También es importante observar la vida de esta persona y ver las similitudes con la nuestra y sobre todo agradecer. También existen nombres que se repiten y no se sabe de dónde vienen. En ese caso, estamos hablando de alguien excluido.

Nombre del Padre o Madre
Deseo narcisista del padre o de la madre de realizarse a través del hijo. Llevando el nombre de uno de sus progenitores, se siente con la responsabilidad de darle honor. Y y culpa subyacente de no deshonrar su nombre. Es como si el progenitor, vaciara un contenedor de carga directa sobre el hijo. Para que realice lo que él no ha podido ser, hacer o tener. Esto por supuesto, genera un peso muy grande sobre el hijo, al cual se le hace la vida cuesta arriba.

¿Cómo se puede vivir con la influencia de un nombre?
Investigar de dónde viene el nombre, para hacerse consciente de la carga que han colocado sobre el mismo.
Realizar una ceremonia personal donde se agradezca el nombre dado y se suelte la carga correspondiente.
Lo ideal sería que cada persona se diera un nombre que resonara con ella llegada su etapa adulta. Así como lo hacen algunas culturas o religiones. En las que el nombre denota una serie de características, dones y talentos desarrollados a nivel personal. En algunos países se pueden incluso cambiar el nombre sin ningún problema.
Igualmente si no tienes a ningún familiar que te cuente la historia de tu nombre. Medita y busca la respuesta en tu interior, incluso puedes crear un nuevo significado para tu nombre.

¿Quién ha dado el nombre?
La persona que da el nombre al niño, ejerce un poder sobre la vida del mismo. Si es otra persona diferente a sus padres, el vínculo que se establece entre esa persona y el niño es como de padre a hijo. De esta manera se transgrede uno de los órdenes del amor entre padres e hijos. Es como si sus padres hubieran “dado” inconscientemente al niño en adopción.