Reflexiones: La grandeza

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¿Dónde radica mi grandeza? En mi servicio a la vida, tal vez incluso en el servicio de la vida para muchas personas. ¿Pero qué o quién aquí sirve la vida? ¿Seré yo, desde mi fuerza, desde mi comprensión, por encargo propio, en mi interés? ¿De dónde me vienen mi fuerza y mi tarea? ¿Acaso me las puedo atribuir, como si yo estuviera al origen de ellas y como si estuvieran a disposición de mi juicio, de mi humor y de mi buen placer? Cuando percibo cuánto proviene de mí personalmente en lo que hago, ¿qué es lo que queda de mí? ¿Acaso no se encoge mi grandeza si me la atribuyo, reduciéndose a poco, incluso a nada?

Otro tema es lo que, en sintonía con fuerzas más grandes, me sale logrado, porque otros también lo experimentan como grande e importante, y por eso permanece grande. No obstante, hace una diferencia si ellos, igual que yo, lo experimentan y lo toman como viniendo de lejos, desde otras fuerzas o si, de lo contrario, miran hacia mí, tomándolo de mí, sintiendo necesidad de agradecerme, como si yo lo hubiera hecho y completado solo. Si ellos lo viven como viniendo de otras fuerzas, de aquellas que actúan potentemente detrás de toda vida, lo toman de estas fuerzas, como un obsequio de ellas. Entonces, en aquel instante, se transforma en algo que les pertenece tanto como a mí. Tienen el permiso para prescindir de mí, incluso olvidarme. Tanto más se mantendrá y actuará esta grandeza, sin resistencias internas, al servicio de sus vidas.

Esta grandeza ha hecho también algo para mí, algo grande. Si reconozco que me he puesto al servicio de otras fuerzas, tengo el permiso para llevarla a mi vida y a mi amor. ¿Cómo? Humildemente. Precisamente porque actúa tan grande y ampliamente, yo reconozco que sobrepasa mis capacidades, mis deseos y voluntad, mis miedos. Reconozco que siguió un movimiento y que yo sólo fui llevado por ella.

¿Me puedo alegrar por esta grandeza? Si me alegro por ella y por mis éxitos, ¿qué me pasa? ¿Me mantengo aún en sintonía con este movimiento? ¿O se aleja ella hacia otro lado y sin mí, hasta tal vez, de alguna forma, voltearse en contra de mí, por ejemplo a través del rechazo al que se confrontan estos éxitos, sean cuales sean?

¿Cómo escapo a las consecuencias de alegrarme por mis logros? Dejo los éxitos atrás y permito que un movimiento aún mayor me lleve hacia un nuevo hacer al servicio de la vida, aquí también sobrepasando mis deseos, mis ilusiones y mis miedos.

¿Cómo se queda pues, mi grandeza? Se queda, pero sin el “mi”.

 

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Bert Hellinger

Historia de Sanación

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Existe una frase de Rilke, donde él dice:” ¿Quién vive la vida? ¿La vives tú, Dios, la vida? ” ¿Será que otra fuerza vive nuestra vida y que nosotros solamente nos debemos entregar a ella y confiar? ¡Os cuento una historia, muy simple, lejos de lo profundo y de lo lejano y del karma! Es una historia de sanación. Se encuentra en el Antiguo Testamento. La tomo sin más de la Biblia. Por cierto, me he permitido pequeños cambios, pero es una historia bíblica. ¿La queréis oír? Cuando la escucháis, olvidad lo que habéis oído sobre las enfermedades y sobre los esfuerzos que muchos hacen para deshacerse de ellas.

La exigencia
En el país de Arán, ahí donde se encuentra Siria hoy en día, vivía en tiempos antiguos un general, que amaba a su rey y le era fiel, habiendo conseguido por él ya muchas victorias importantes. Pero algo fallaba con él. No podía más entrar en contacto con nadie, ni siquiera con su mujer, porque padecía lepra.

Un día, oyó una esclava comentar que en su país existía un hombre que conocía el remedio para su enfermedad. Entonces, organizó una importante escolta, cogió unos diez talentos de plata, seis mil piezas de oro, diez trajes de fiesta más una carta de recomendaciones de su rey y emprendió camino. Después de un largo viaje y algunos desvíos, el hombre alcanzó la morada del curandero. Ahí delante se encontró, con toda la comitiva y sus numerosos tesoros, llevando de la mano la carta de su rey. Llamó para que lo dejaran pasar. Pero nadie hizo caso de su presencia. Se empezó a intranquilizar y a sentirse irritado. De pronto, se abrió una puerta, salió un servidor y le dijo:”Mi amo te manda decir que te bañes en el Jordán y esto te sanará”.

El general pensó que se burlaban de él y se sintió ridiculizado. “¿Qué? dijo, ¿éste se pretende un curandero? ¡Habría podido venir a atenderme, habría podido llamar a su dios y celebrar algún ritual, habría tenido que tocar con sus manos cada herida de mi piel! ¡Esto me habría quizás ayudado!”Enfurecido, se dio la vuelta y se fue para casa.

¿Os suena esto? A mí me suena. El curandero acababa de perder a otro cliente. ¿Sigo con la historia?

Habiendo viajado ya un día entero de vuelta a su país, los servidores del general se le acercaron y le trataron de convencer buenamente: “Amado padre, si este brujo te hubiera pedido algo inhabitual, como por ejemplo, que te subieras a un barco para alcanzar algún reino lejano, si te hubiera exigido prosternar ante dioses desconocidos, y si hubieras perdido tu fortuna en ello, por cierto lo habrías hecho. Pero ahora, te ha pedido algo de lo más sencillo y habitual.” El general se dejó convencer. Desalentado y malhumorado, se dirigió hacia el Jordán, se lavó de mala gana en el agua- y ocurrió un milagro. Eso era una terapia ultra corta, por supuesto.

Al llegar a su casa de vuelta, su mujer quiso saber cómo le había ido. “Ay, dijo, estoy bien otra vez. Pero en realidad, no pasó nada en especial.”

¿Queréis que lo aplique a nuestra situación aquí? Claro que sé a quién representa el Jordán. Lo sé de experiencia. Siempre lo mismo. Se vuelve casi aburrido ya, a la larga, hablar de lo mismo. Pero existen tantas variaciones que se vuelve interesante otra vez. Entonces, el Jordán en el que nos adentramos, por el que nos dejamos tocar y sanar, es nuestra madre. Ahí comienza la sanación.

Desalentados y malhumorados, igual nos acercamos y entonces, nos volvemos pequeños. Ante nuestra madre, nos volvemos pequeños y humildes. Esperamos lo que ella nos brinda. Lo tomamos en nuestro corazón con amor, la vida.

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Meditación: sanación gracias a la madre
Nos acercamos con humildad hacia nuestra madre, tal como es. Así como es, nos ha regalado la vida. No tuvo que ser diferente. Porque era como es, nuestra vida llegó a través de ella hasta nosotros.

Ahora nos bañamos en esta vida, en este amor, hasta ser puros, purificados de nuestros reproches, de nuestras imágenes que le hacen injusticia a ella, injusticia a la vida.

Abordamos la orilla, purificados. De esta manera puros, empezamos nuevamente nuestra vida, con amor, con salud, llevados por fuerzas más grandes, y de pronto estamos en el amor, el amor completo.

 

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Bert Hellinger

Enfermedad y karma

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Las enfermedades sacan a la luz algo inconcluso. Nuestra gestión habitual de la enfermedad impide que esto ocurra porque, lo que buscamos en la mayoría de las veces, es deshacernos de ella. Podría decir incluso: de esta misma manera, nos queremos deshacer de un karma. Y cuando nos hemos librado así de la enfermedad, el karma sigue su camino. Esa forma de tratar la enfermedad se eleva en contra de la salud en su totalidad. Sobre todo, se eleva en contra de un amor más grande.

En las enfermedades, podemos observar que ellas representan a personas que han sido excluidas. Estas personas, a través de la enfermedad, piden la palabra. Si les permitimos manifestarse, puede a continuación iniciarse en nuestro interior un movimiento hacia estas personas excluidas. Entonces, la enfermedad cumple con su propósito. Está al servicio de un amor más grande.

A veces, sabemos quiénes son las personas excluidas. Por ejemplo, sabemos si un hijo ha sido dado o si ha sido abortado. A veces, sabemos si alguien en la familia ha sido condenado por ser un criminal, llevando a que nadie más quiera meterse con él. No obstante, él sigue perteneciendo a la familia y se manifiesta en una enfermedad. Por lo tanto, se trata en caso de enfermedad sobre todo de asentir a ella, tal como se presenta. Sólo con este asentimiento, puede la enfermedad empezar el movimiento que incluirá nuevamente a los excluidos.

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Meditación: Sanación a través de otra consciencia
Nos adentramos ahora en nuestro cuerpo y sentimos dónde algo duele, dónde algo perdió su equilibrio, dónde algo dejó de funcionar enteramente, y lo miramos. De cerca, con precisión, siguiendo nuestro sentir. Luego, creamos una distancia entre eso y nosotros, de modo que pueda estar fuera de nosotros, de pie, tumbado o en movimiento.

Con este mayor distanciamiento, nos exponemos a ello. Nos exponemos como personas. Entonces, nos elevamos a una dimensión del espíritu, más allá de ello, y sintonizamos con una consciencia abarcadora. Esta consciencia mira a nuestras enfermedades y a nuestros dolores, los ve en otro contexto y contempla la totalidad con un amor creador. A la luz de este amor, algo sanador se pone en marcha, juntando en su movimiento las partes separadas, para que puedan encontrar la calma y tumbarse para dormir.

Entonces, nos retiramos de aquello que pasó y dejamos que, por si mismo, se ordene.

Regresamos a nuestro cuerpo, en sintonía con estas otras fuerzas y con esta otra consciencia, y decimos: gracias.

La percepción

Dentro del campo, la percepción de los miembros del grupo es reducida.

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En un campo, todos los patrones se repiten, y claro también los patrones de comportamientos humanos, principalmente porque lo excluido o los excluidos excluyen también con toda buena consciencia a aquellos que los excluyeron, de manera que el conflicto entre ellos no es más que un conflicto entre dos buenas consciencias que se oponen. Ambas están restringidas y ambas están en un delirio que les hace creer que podrán finalmente vencer al otro y librarse de él.

Por lo tanto, la rueda del conflicto gira alternadamente de tal manera que los “buenos” de antes se vuelven los “malos” de después, y a la inversa, los “malos” de antes” son los “buenos” de ahora.

Rupert Sheldrake ha observado que un campo sólo puede modificarse cuando un impulso nuevo, originado desde el exterior, lo viene a poner en movimiento. Este impulso es algo espiritual, es decir que llega desde una nueva comprensión. En un principio, el campo se niega a esa comprensión e intenta reprimirla. No obstante, en cuanto un número suficiente grande de miembros del campo es abarcado por esa comprensión nueva, se inicia un movimiento de todo el campo. Se logra abrir a la comprensión. Consigue dejar atrás lo desfasado y actuar de otra forma.

Una comprensión nueva sería, por ejemplo, la percepción de que los conflictos graves tienen su origen en la buena consciencia y que ganan sus energías agresivas de ella.

Otra comprensión se dio a raíz de las constelaciones familiares y su desarrollo en el andar con los movimientos del alma. Se ha visto que, al otorgar suficiente tiempo a los representantes de una constelación y cuando se encuentran centrados, son repentinamente cogidos por un movimiento que se orienta siempre en la misma dirección, y eso sin interferencia de fuera. Este movimiento lleva a juntarse, en un plano superior, a lo que estaba anteriormente separado. De esta manera, estos movimientos del alma nos trasladan a un camino de conocimiento al final del cual los grandes conflictos pierden su fascinación y su sentido.

Estos movimientos sobrepasan las fronteras de la buena consciencia y por lo tanto, las fronteras del grupo propio, re-unifican lo que estaba separado para formar una unidad mayor, que enriquece ambas partes y las hace ir hacia delante.

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La otra consciencia
En el nivel de los movimientos del alma, actúa otra consciencia. A la par de esa consciencia que nos hace sentir culpables o inocentes, existe y se nos hace perceptible aquella consciencia que nos orienta en sintonía con algo más grande, más allá de las fronteras de nuestro grupo y que une, a un nivel superior, lo que se encontraba aquí en oposición. Pero solamente cuando ya hemos recorrido un trecho del camino que nos lleva a sobrepasar los límites de nuestra consciencia habitual. Esta otra consciencia se hace notar a través de la tranquilidad o la intranquilidad, de la serenidad centrada o también de un sentimiento de ausencia de metas, de agitación y de ya-no-saber-nada. Tras de que, si acaso perdemos nuestro recogimiento, acabamos nuevamente bajo la influencia de la buena y mala consciencia. Porque la sintonía significa que estoy con muchos, y finalmente con todos, en sintonía y que no soy enemigo de nadie. En cambio, en el marco de influencia de la buena consciencia, estoy únicamente vinculado a un lado, en conflicto con el otro lado, hasta la voluntad de exterminio.

Entrar en el campo de influencia de la otra consciencia, significa pues que dejamos atrás las imágenes de enemistad. A decir verdad, existe también en ese nivel el conflicto – eso pertenece inevitablemente a todo crecimiento y desarrollo – pero sin imágenes y sin voluntad de exterminio. Y más que todo, sin ímpetu y sin afán.

¿Dónde pues empieza la gran paz? Ahí donde acaba la voluntad de exterminio, cual sea su justificación, y ahí donde el individuo reconoce que no hay humanos mejores y humanos peores. Todos están intrincados a su manera, y por lo tanto atados, ni más ni menos que nosotros. En ese sentido, somos todos iguales.

Cuando lo percibimos y lo reconocemos, cuando realizamos que nuestra consciencia no nos deja libres, podemos encontrarnos mutuamente sin arrogancia. Respetando las fronteras que se nos imponen, podemos echar un ojo por encima de nuestra buena consciencia y andar más allá y encontrarnos en algo más grande. Aquí empieza la gran paz.

El otro amor
El camino hacia esta paz lo va preparando otro amor, un amor que lleva más allá de las fronteras de la buena consciencia. Jesús ha descrito este camino, así como lo dice: “Sed misericordiosos como mi Padre en el cielo. Él deja brillar el sol sobre los buenos y los malos y deja llover sobre los justos y los injustos”.

Ese amor por todos tal como son, es el otro amor, el gran amor, más allá del bien y del mal y más allá de los grandes conflictos.

La comprensión

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He descrito aquí el tema a grandes rasgos y de manera global. Igual que en la vida, estas generalidades no hacen justicia a la plenitud de lo concreto. Vistas de fuera, la guerra y la paz parecen, en su alternancia y su dependencia mutua, como una fatalidad insoslayable. Y lo son mientras los nexos más profundos entre guerra y paz permanecen en la inconsciencia de nuestra propia alma, inaccesibles para lograr una comprensión esencial.

Una comprensión es que cada conflicto grande está destinado a fracasar. ¿Por qué? Porque niega lo que es obvio y porque desplaza hacia fuera lo que sólo tiene solución dentro de nuestra alma.

Con eso, no quiero decir que todos los conflictos se pueden arreglar de esta forma, ni que podemos acomodarnos sin conflictos. Éstos pertenecen inevitablemente al desarrollo de los individuos y de los grupos. No obstante, las comprensiones esenciales permiten solucionar los conflictos de mejor manera, con más discernimiento y con el reconocimiento de las necesidades de cada parte así como los límites que les son determinados para una solución concertada. Al final, toda paz se alcanza a través de una renuncia.

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La paz interior
El individuo vive constantemente un conflicto interno entre sus sentimientos, necesidades y pulsiones. Cada uno de ellos es importante pero sólo pueden prevalecerse y alcanzar su meta en la medida en que se respetan mutuamente y encuentran un acuerdo. Al hacerlo, algo obtienen a la vez que, con miras a la totalidad, deben renunciar a algo. Cuando están en equilibrio entre ellos, nos sentimos buenos y en paz. Pero mientras se mantienen en conflicto, mientras sus límites y sus posibilidades no se han establecido, nos sentimos mal a gusto, quizá también agitados, a veces enfermos y agotados.

La pregunta es: ¿se trata aquí solamente de un conflicto interno o de un conflicto externo trasladado al interior? Pues, se trata de un conflicto tanto interno como externo. Para entender mejor esta combinación entre interior y exterior, me conecto de nuevo con el campo del espíritu.

La paz en un campo del espíritu requiere sine qua non que todos los que le pertenecen estén reconocidos igualmente como pertenecientes al campo. Esto se logra solamente cuando los “buenos” han examinado lo malo y lo peligroso de su propia buena consciencia. Sólo entonces logran sobrepasar los límites de la buena consciencia, aunque sea con un sentimiento de culpa y mala consciencia. Sólo entonces consiguen dar, en este campo, un lugar con los mismos derechos a lo excluido, sobretodo a las personas excluidas.

La gran paz

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El amor
Junto con los conflictos que, en su mayoría, nacen de la buena consciencia y de la voluntad de supervivencia, existe también entre las personas un movimiento de acercamiento mutuo, un anhelo por vincularse y la curiosidad por conocerse de más cerca.

Este movimiento se inicia entre hombre y mujer gracias al amor, cuando ambos pertenecen a familias distintas. Gracias a esa nueva pareja, se acercan las familias y van formando un clan, dentro de cuyos límites reina la paz.

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El intercambio
La otra vía por la que familias distintas se acercan y abandonan su temor frente a otras familias, es el intercambio entre dar y tomar, lo cual brinda ventajas para ambas partes y las vincula más estrechamente entre ellas. A veces, acontece que se juntan para encarar una amenaza desde otros grupos, de modo a asegurar sus chances de supervivencia juntos.

Cuando se necesitan aliados en un conflicto, se juntan las diferentes partes frente a un enemigo común. El intercambio se intensifica gracias a eso, así como la cohesión. Es así como la paz interna es servida por las amenazas exteriores y el enemigo.

La consciencia
Este grupo desarrolla una consciencia común que le permite delimitarse frente a otros grupos. Bajo la influencia de esa consciencia, los pertenecientes al grupo se sienten mejor que los otros y los denigran. Todo lo que sirve el grupo propio y debe ser cumplido como condición para la pertenencia, es recompensado por la consciencia con el sentimiento de ser bueno, incluso de ser el mejor. De esta forma, todo lo que va dirigido en contra de personas fuera del grupo y que sirve los límites y la protección de ese mismo grupo, se verá recompensado y aprobado por la consciencia como algo bueno, incluyendo los sentimientos agresivos, que aumentan la disposición al conflicto y al combate. La paz en el interior y la buena consciencia que la asegura son requisitos para una superación exitosa de los conflictos hacia fuera.

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La impotencia
¿Cómo lograr, pues, la paz entre grupos en conflicto? Habitual y solamente cuando las diferentes partes no dan más y que sus fuerzas se agotan – siempre y cuando sean de potencia similar – y cuando ambas partes comprenden que la continuación del conflicto sólo traerá más pérdidas. Entonces concluyen la paz. Delimitan nuevas fronteras, respetan sus límites respectivos y después de un tiempo inician nuevamente el intercambio entre dar y tomar, llevando quizá luego a una unión como grupo más grande.

El triunfo
Pero ¿qué ocurre cuando un grupo ha vencido y sometido a otro, incluso tal vez ha buscado exterminarlo? Después de su victoria, el grupo ganador pierde su cohesión interna. Con eso, el grupo vencido se hace valer nuevamente. Al triunfar, el grupo vencedor empieza a deshacerse y a decaer.

Bert Hellinger

¿Cuál es la influencia del nombre en tu vida?

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¿Quiere saber cómo influye tu nombre en tu vida? El nombre propio se usa para distinguir a una persona de otro. Aunque curiosamente los nombres a los hijos se suelen repetir de generación en generación. ¿Quieres saber por qué?
Nuestro nombre es una especie de «impronta», que nos define el resto de nuestra vida. Cada nombre lleva una carga sistémica. Porque nuestros padres, lo hacen en honor a ellos mismos o a algún familiar amado. Es importante saber, ¿Cuáles fueron los motivos que los impulsaron a colocarnos nuestro nombre? ¿Fueron ellos quienes lo hicieron o fue otro familiar?

En los nombres propios se condensa a un nivel, nuestra identidad. Por lo tanto, si por ejemplo, se le coloca a un hijo el nombre de un miembro de la familia. Indirectamente se le está pasando la carga de esa persona. El nombre produce e induce una serie de sucesos repetitivos en todo sistema familiar.

Cómo influye los nombres típicos en tu vida

Nombre de Santos
Se puede pretender saldar una deuda pendiente. Ya sea porque el niño ha estado en peligro o por una culpa familiar. Se le da la carga al niño de sufrimiento y sacrificio que ha llevado el Santo. Y se coloca expectativas sobre él de llevar una vida abnegada de servicio a los demás.

Nombre del sexo contrario a tu género (Ej. Juan María, María José, etc.)
Se le dice indirectamente al niño que se esperaba un niño de sexo contrario. El niño puede tener la sensación de que decepciona, y no satisface las expectativas de sus padres. Puede buscar complacer a sus progenitores a toda costa, sin nunca llegar a conseguirlo. Vive con una sensación de inadecuación a lo largo de su vida. También, puede asumir características o actitudes del sexo contrario. Llegando a sentirse dividido.

Nombres de Ángeles (Terminan en “El” Gabriel, Rafael, Ángel, etc.)
Todos los nombres que termina en «EL» Significa Dios. En este caso cabe preguntar, ¿quién ha muerto joven en el sistema? ¿un aborto previo o un hijo antes de nacer? ¿Quién ha sido el angelito que ha muerto e intentan revivir con este nombre? También puede ser que la vida de este niño haya estado en peligro y se perciba como un milagro.

Nombres de Ancestros muertos
En estos casos es importante revisar la vida de esa persona y ver si se está repitiendo la historia. Es recomendable “honrar profundamente a esta persona en nuestro corazón”.

Nombre de un hijo previo fallecido
Priva al niño de su identidad propia. Y a partir de allí, lo lleva a ser como un “recipiente vacío”. En donde reside el recuerdo del niño anterior. Con todo esto la persona verá toda su creatividad, sus afectos y toda su existencia bloqueadas por “un cadáver”. Esto lo hacen los padres, para no experimentar el dolor del duelo. De esa forma reproducen al muerto en el siguiente hijo.

Nombre que se repite
Existen personas que tienen una fuerte influencia en el sistema familiar. Es por ello, que colocan su nombre a diferentes descendientes. Por ejemplo, se repite el nombre del abuelo José, en todos los nietos. También es importante observar la vida de esta persona y ver las similitudes con la nuestra y sobre todo agradecer. También existen nombres que se repiten y no se sabe de dónde vienen. En ese caso, estamos hablando de alguien excluido.

Nombre del Padre o Madre
Deseo narcisista del padre o de la madre de realizarse a través del hijo. Llevando el nombre de uno de sus progenitores, se siente con la responsabilidad de darle honor. Y y culpa subyacente de no deshonrar su nombre. Es como si el progenitor, vaciara un contenedor de carga directa sobre el hijo. Para que realice lo que él no ha podido ser, hacer o tener. Esto por supuesto, genera un peso muy grande sobre el hijo, al cual se le hace la vida cuesta arriba.

¿Cómo se puede vivir con la influencia de un nombre?
Investigar de dónde viene el nombre, para hacerse consciente de la carga que han colocado sobre el mismo.
Realizar una ceremonia personal donde se agradezca el nombre dado y se suelte la carga correspondiente.
Lo ideal sería que cada persona se diera un nombre que resonara con ella llegada su etapa adulta. Así como lo hacen algunas culturas o religiones. En las que el nombre denota una serie de características, dones y talentos desarrollados a nivel personal. En algunos países se pueden incluso cambiar el nombre sin ningún problema.
Igualmente si no tienes a ningún familiar que te cuente la historia de tu nombre. Medita y busca la respuesta en tu interior, incluso puedes crear un nuevo significado para tu nombre.

¿Quién ha dado el nombre?
La persona que da el nombre al niño, ejerce un poder sobre la vida del mismo. Si es otra persona diferente a sus padres, el vínculo que se establece entre esa persona y el niño es como de padre a hijo. De esta manera se transgrede uno de los órdenes del amor entre padres e hijos. Es como si sus padres hubieran “dado” inconscientemente al niño en adopción.

¿Por qué me siento triste logrando mis sueños?

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Algunas veces, luego de lograr una meta o un sueño, que hemos añorado durante mucho tiempo. Nos queda una sensación de vacío, ¿te ha pasado? Te quedas pensando, ¿Esto era todo? ¿Y ahora qué?

Todo esto se debe a que invertimos tanta energía en la meta, que no disfrutamos del camino. Aunque otras personas te digan: «¡Que suerte tienes! Debes estar feliz» . Pero, tú por el contrario te sientes triste. Y sabes, que te «deberías» sentir feliz. Tienes una sensación de asombro e incluso de desconcierto
Es una especie de sensación de vacío, de no terminar de creerte el logro de tus metas. Gran parte, es porque te sientes agotado. Por la cantidad de energía que invertiste en ello.

¿Cuáles son las causas sistémicas de la sensación de vacío luego de lograr tus metas?
Estar demasiado enfocado en la meta
Si bien es cierto, que el enfocarse en las metas. Es una manera de asegurar su logro. Pero, otra cosa muy diferente es obsesionarse por ellas. Porque de esta manera, se desperdicia todo el aprendizaje que proporciona el recorrido o camino para llegar a dichas metas.

Estar cumpliendo los sueños de los padres
Cuando los padres no han realizado sus propios sueños, los hijos de manera inconsciente se esfuerzan por cumplir dichos sueños. Sin importar, si son suyos o no. En su inocencia, piensa que son propios.
Los padres, suelen proyectar sus propios sueños en los hijos. Haciendo todo lo necesario, para que ellos los realicen. Les transmiten frases del tipo: «Deseo que logres lo que yo no he logrado», «Si yo hubiese podido…».
Y los hijos por lealtad y amor ciego, terminan cumpliendo los sueños de sus padres. En ocasiones sufriendo fracasos y depresión, porque están doblegando su Ser. Han sido absorbidos de tal manera por sus padres, que han perdido el rumbo de cuáles son sus verdaderos sueños.

Implicaciones Sistémicas
Cuando alguien dentro de la familia muere muy joven. También, cuando alguien ha estado a punto de finalizar un sueño. Esto, deja una profunda huella de tristeza y dolor dentro del sistema familiar. Lo que conlleva a que quede un duelo abierto. En consecuencia, cuando alguien posterior está a punto de lograr su sueño se siente “culpable” sin motivos aparentes.
Esto sucede, porque lleva consigo el duelo no resuelto. Y en cierta manera, se siente culpable. O bien, creo no tener el derecho de lograr su sueño. Porque su antepasado tampoco pudo hacerlo. En estos casos, la persona se deprime por el peso de la culpa. Y de esta manera, sabotea su éxito para “seguir siendo parte del sistema familiar”.

Cuando se ha tenido un aborto
Un aborto, se suele llevar en silencio y acarrea una gran culpa. Muchas de las decisiones de abortos provocados se debe, a que no está preparado para tener un hijo. Estamos estudiando o bien, luchando por nuestros sueños.
Esto lleva a una fuerte sensación de culpa. Lo que suele llevar
a depresión. Sobre todo, si el aborto ocurre un poco antes de la graduación. Porque percibe que el el precio que pagó, fue la vida de su hijo. Por lo tanto, el precio por el logro de la meta ha sido demasiado alto.
Todo este duelo permanece en la sombra. Y no siempre somos consciente, de la causa de la pérdida de sentido. Pero, allí está y en cualquier momento y por causas en apariencia desconectadas, de la meta. Nos afectan tan profundamente, que luego es complicado seguir el curso de nuestra vida.

¿Cómo superar la tristeza ante el logro de tus sueños?
Escribe lo que has ganado en el logro de tus sueños.
Los aprendizajes ganados
El camino que has recorrido, con los retos que te has enfrentado y que efectivamente has superado
Las personas que te has encontrado en el camino y lo que te regalaron con su presencia. Ganaste amigos, colaboradores, personas de alguna u otra manera te han impactado.
Tu propio crecimiento interno, qué dones y talentos has desarrollado
Reflexiona sobre los aspectos positivos de lograr tus metas, ante de lograrlas. De esta manera, sabrás si tienen suficiente sentido para tu proyecto de vida.
Cuenta en que ha ayudado. el logro de tus metas a otras personas. En qué has contribuido a hacer un mundo mejor.

Pregunta a los miembros de tu familia por sus sueños y metas
Indiferentemente si lo han logrado o no ¿Qué soñaban de jóvenes? De esta manera puedes saber si realmente estás siguiendo tus sueños o bien los de ellos. Pregúntales que les impidió lograrlos. En ocasiones cuando preguntas, te enteras de algún hecho que había quedado oculto. O que desconocías y que es un embrollo sistémico

Realizar el árbol genealógico
Algunas veces, cuando no sabemos las causas de los que nos ocurre. Se puede revisar el árbol genealógico. Para verificar las edades de muertes de los miembros del sistema y sobre todo las circunstancias que rodearon su muerte. Normalmente cuando te enteras del miembro que ha muerto joven, algo dentro de ti cambia. También puede que te enteres, de alguien que ha tenido el mismo sueño que tu.

Realizar actos conmemorativos o reuniones de honra por los ancestros
Pueden ser ceremonias de agradecimiento. Que sirven para terminar de cerrar. situaciones que han quedado abiertas. Y que permiten que cada quien ocupe su lugar y exprese sus sentimientos, sin reprimirlos

Darse el permiso de vivir el duelo de un aborto
Sin importar el tiempo que ha pasado desde al aborto, date tiempo de sentir ese dolor. Escribe tus sentimientos, realiza un acto simbólico de cierre. Dedica lo que haces a ese niño. que no ha nacido. De esta manera, su muerte puede cobrar un nuevo sentido para ti

Replantear tus metas
Describiendo las razones que te llevan a ellas ¿Qué te impulsa? ¿El reconocimiento? ¿El éxito? Cuando logramos establecer metas no sólo por beneficios personales. Sino por una visión amplia que beneficie a muchos, las metas cobran un nuevo sentido
Cuando logramos nuestras metas honramos de corazón a nuestros familiares, es un mérito para todo el sistema familiar. Dedicar nuestro éxito a ellos nos otorga fuerza y un nuevo impulso hacia la vida.

Hijos de Padres Divorciados

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Los hijos de padres divorciados, se pueden volver distantes y agresivos.
¿Por qué ocurre esto? ¿Cuáles son las implicaciones sistémicas de un divorcio?

¿De dónde vienen los problemas de los hijos de padres divorciados?
Padres llenos de resentimientos y reclamos. Cuando en lugar de agradecer lo vivido en la pareja, prima el rencor, las peleas y el rechazo. Los hijos suelen parcializarse por uno de los padres, rechazando al otro. Aunque la pareja procuren disimular ante los hijos, estos captan los mensajes no verbales.
Los hijos se pueden sentir culpable. Creen que hicieron algo para que los padres se divorcien y la presión los desborda. Al no poder canalizar las emociones, las somatizan en síntomas físicos o enfermedades.
Se sienten abandonados. En ocasiones, cuando el progenitor que vive con los hijos le dice al niño «tu padre nos ha abandonado». El niño lo cree, porque ya el padre no está presenten en el día a día. Y si además, ve al progenitor que vive con él sufriendo. Puede sentir mucha ira e impotencia.
Crecen antes de tiempo. El progenitor que vive con ellos, puede pedirle que cuide a sus hermanos menores o puede convertirse en la mujer o el hombre de la casa. Porque cree que es lo que se espera de él o ella. Robandole de esta manera su infancia.
¿Qué hacer por tus hijos?
Es duro darle un lugar bueno en nuestro corazón a una persona que percibimos que nos destrozó nuestra vida. Pero recuerda, que tienes el 50 % de la responsabilidad. Lo aceptes o no. Y tu hijo no tiene que llevar a cuesta lo que ha sucedido con sus padres.

Indiferentemente que tu ex pareja te abandonara, te golpeara, te fuera infiel, etc. Siempre será el padre o la madre de tu hijo. Recuerda ante todo que esta persona está inmersa en sus propias dinámicas familiares, con sus propios sufrimientos.

Quizás ahora sientas dolor y rabia por lo vívido, pero recuerda que esos sentimientos le llegan a tu hijo(a) y se encuentra en medio de los dos seres que le dieron la vida y que naturalmente ama. Su vida depende de que pueda tomar la energía de cada uno de sus padres, sin hacer juicio de ninguno.

¿Qué hacer para darle un buen lugar en tu corazón a tu ex?
Visualizarle delante de ti y darle las gracias por lo que vivieron. Agradeciéndole el regalarte la oportunidad de ser padre o madre.
Observar en tu hijo(a) todo lo que tiene de su madre o de su padre y agradecer cada uno de esos aspectos.
Visualizar a tu pareja delante de todo su sistema familiar. Mirar mucho más atrás de él o de ella, con respeto. Recuerda que también es el sistema de tus hijos.
Imaginar a tu hijo(a) pleno y feliz, caminando hacia la vida al lado de su padre o madre.
Cada vez que te cruce por la mente un pensamiento negativo del padre o de la madre de tu hijo(a). Recuerda que es el progenitor de tu hijo y que la mitad de su ser viene de éste. Si le rechazas, también desprecias la mitad del ser de tus hijos.
Respira profundamente cada vez que te venga un pensamiento negativo con respecto a tu ex pareja y honra a tus propios padres.
Agradece cada experiencia de Vida que te toque vivir, por más dura que sea, asume con valentía y responsabilidad.
Bríndate el tiempo necesario para expresar tus sentimientos, con un terapeuta o con tus amigos. En privado. Jamás delante de tus hijos. Vive todo el proceso de duelo por la ruptura.

Sanar a distancia

Imagina o piensa en los padres de la persona que está delante de ti, o de quién tengas en la mente.
Piensa en ellos hasta sentir una emoción placentera. A partir de este momento la persona estará experimentando un cambio hacia mejor, sin saber por qué. Para que ese cambio produzca un cambio significativo en la vida de la persona, mantendrás tu atención en sus padres durante unos 3 minutos.
Puedes conectar con los padres de cualquier persona. Aquí todos tenemos permiso de hacerlo con cualquier otra persona.
Por ejemplo, cuando vas al dentista, al mecánico o al juzgado, si conectas con los padres de estos profesionales, de inmediato estarán en su mejor saber hacer.
Cuando sentimos que una persona no nos respeta, que esta persona esté aquí o lejos, que la conozcamos personalmente o no, conectarnos con sus padres le va a hacer cambiar de actitud.
Lo podemos hacer con una persona o con todo un grupo, e incluso con toda la humanidad. Cuanto más personas, más tardaremos en sentir la conexión. Y la sanación empezará a operar a partir del momento en que percibamos la conexión compasiva con los padres.
Para todos los seres humanos la conexión con los padres es la conexión base, es lo que de inmediato nos coloca en nuestro lugar al servicio de la vida. Es LA conexión con algo más grande por excelencia.
Y da lo mismo que nos conectemos nosotros mismos o nos conecte otra persona. La resonancia creada es la misma.
Paulatinamente, veremos que esta conexión con los padres de los demás es una actitud ante la vida, es la conexión con algo más grande, materializada en nuestra vida cotidiana. Y se va trasformando en una apertura compasiva hacia la vida misma, una pura actitud de amor a todo como es, en la que sentimos nuestra parte de responsabilidad.