Olvidar

Olvidar

Olvidar permite ser libre, recordar es una carga. Cuanto más olvidamos, tanto más liviano nos resulta mirar el presente y tanto más dispuestos estamos hacia lo que viene.

Este olvido es el resultado de una disciplina de la mente. En el Tao Te King, se dice del elegido: Ni bien completa su obra, dirige la mirada hacia lo que viene luego.

Olvidar es aquí la consecuencia de un movimiento hacia delante. Nada de lo que está pasado lo retiene, ni alabanza ni reproche, ni ganancia ni pérdida, ni inocencia ni culpa. ¿Cómo se logra este movimiento hacia delante? Se logra con amor, con un amor nuevo, con el amor entero, ahora. Así es el amor del espíritu. No me lo puedo imaginar de otra forma. ¿Cómo podría guardarle rencor a nada, ya que en cada instante lo inicia todo con creatividad, desde un comienzo eterno, en cada momento completamente nuevo?

Imaginarse la eternidad como algo estático o yacente es una idea lerda, que nos empuja hacia abajo en vez de impulsarnos.

La prueba de hasta qué punto esta forma de pensar corresponde a una verdad, sólo puede ser el efecto que tiene sobre nuestro amor, nuestro cuerpo y nuestro espíritu, en la medida en que esta verdad nos es accesible.

Este olvido es un movimiento creador, un movimiento fresco, un movimiento apasionante, elevado, potente y grande.

¿Y qué del agradecimiento? ¿Acaso es un recuerdo o quizá nos permite el olvido? ¿El agradecimiento mira hacia atrás o hacia delante? Aquí también, percibimos de inmediato la diferencia en la sensación de amplitud y fuerza, cuando el gracias deja atrás lo que hubo y libera para nosotros lo que viene.

Olvidar significa también ser olvidado. Sólo aquel que llega a ser olvidado completamente, se encuentra a disposición entera de lo que llega, con pureza, fuerza, novedad, presente y sin pasado, cada día más presente, puro en un amor que actúa, por su presencia. Apertura perpetua, un ser y transformar perpetuos.

Bert Hellinger

Amor y orden

Quisiera decir algo sobre amor y orden. ¿Qué es más grande y más importante, el amor o el orden?
¿Qué viene primero? Muchos piensan que si aman lo suficiente todo estará en orden. Muchos padres piensan que si aman a sus hijos lo suficiente ellos se desarrollarán exactamente como ellos lo desean.
La mayoría de padres que así piensan son defraudados. Evidentemente el amor solo no alcanza.
El amor debe insertarse en un orden. Y ese orden ya está determinado. Esto también ocurre en la naturaleza: Un árbol se desarrolla según un orden interno. No se lo puede cambiar. El árbol solamente puede crecer dentro de ese orden. También es así con el amor y las relaciones humanas: Ellas pueden desplegarse solamente dentro de un orden, y ese orden está establecido.

Si nosotros sabemos algo de ese orden del amor, entonces nuestro amor y una relación tienen la gran posibilidad de desarrollarse. Un orden es, que aquello que es diferente tenga el mismo valor. El hombre y la mujer son diferentes pero equivalentes. Cuando esto es reconocido por la pareja el amor tendrá una chance mayor.
El segundo orden es que el dar y el recibir deben estar equilibrados. Cuando uno debe dar más que el otro la relación está perturbada. Ella necesita ese equilibrio. En relación con el equilibrio existe algo más a lo que debe prestarse atención. Hoy por la mañana hablé de cómo la necesidad de equilibrio debe marchar junta con el amor y de cómo de esa manera crece el intercambio.
Esa necesidad de equilibrio también existe en forma negativa. Cuando uno de los miembros de la pareja le hace algo al otro, éste sentirá también la necesidad de hacerle algo. Él se siente herido en su dignidad y por esa razón cree que tiene el derecho de herir también al otro en su dignidad. Esa necesidad es irresistible.
Muchos que han sufrido una injusticia se sienten con derecho a hacerle algo al otro. A la necesidad de compensación se le agrega ahora algo más, el sentimiento: Ahora yo tengo derechos especiales, a través de la injusticia que se cometió conmigo tengo derechos especiales. Entonces se le hace al otro una maldad mayor que la que él nos hizo. Porque ahora uno le hizo al otro una maldad mayor éste se siente con derecho a hacerle al otro algo malo, y como él se siente con derecho le hace al otro algo más grande que lo que recibió de él. Así crece en una relación el intercambio de maldades y en lugar de la felicidad, en una relación de ese tipo aumenta la infelicidad.
Es posible reconocer la calidad de una relación en si el intercambio transcurre principalmente en la bondad o en la maldad. ¿Y cuál sería la solución? ¿Existe en realidad una
solución? Se puede pasar del intercambio en la maldad nuevamente al intercambio en la bondad. ¿Y cómo se hace?
Existe para ello un secreto: Uno se venga del otro con amor. Esto quiere decir: se le hace al otro una maldad, pero un poco más chica. Entonces acaba el intercambio de maldades y ambos pueden nuevamente recomenzar con lo bueno. Este es un aspecto muy importante de los órdenes del amor. Cuando uno lo sabe es posible reencausar para el buen lado muchas cosas en las familias.

Bert Hellinger

Rayos de esperanza

1. El respeto es profundo.
2. La calma cura.
3. La curación perdura.
4. La distancia une.
5. Las novedades envejecen.
6. El orden sirve a la conservación.
7. La adicción disfruta de lo que daña.
8. La curación genera confianza.
9. Mañana es otra cosa.
10. La carne tiene buena voluntad.
11. Pensar solamente es muy poco.
12. Lo que es claro permite la acción.
13. Concentrados estamos preparados.
14. Lo próximo salta a la vista.
15. La mayor alegría la vivimos ahora.
16. A servir no se le opone ningún otro servicio.
17. Lo que es suficiente nos hace avanzar.
18. El respeto escucha con atención.
19. La calma nos abre.
20. Todo sale bien a su tiempo.
21. El amor deja que sea.
22. El amor se renueva cada día.
23. Sin trabajo no hay amor.
24. El corazón ama con toda intensidad.
25. Cuando miramos estamos atentos.
26. La sanación pone orden.
27. El amor sabe esperar.
28. Primero la oscuridad, luego la claridad.
29. Algunas luces se apagan antes de encenderse.
30. También lo que está turbio brilla.
31. El final cierra – y abre.

Bert Hellinger

El comienzo del amor

Nuestra vida comenzó con el amor de nuestros padres. Ellos se amaron antes de que nosotros naciésemos y en ese amor se convirtieron en hombre y mujer – del modo más profundo. De ese amor surgimos nosotros. Nosotros los miramos como pareja y miramos su amor de hombre y mujer.
Nuestros ojos comienzan a brillar. ¿Qué podría ser para nosotros y para ellos más bello y más grande, y profundo y rico y tener mayor consecuencia? Abrimos nuestro corazón a ese amor y le respondemos con alegría y esperanza.
De ese modo comenzó también nuestro amor, a través del amor de esos padres, nuestros padres. Nosotros le respondemos a ese amor tomando esa vida de ellos – tomándola toda, así como nos viene de ellos. No se trata de su vida, solamente viene a través de ellos. Pues detrás de ellos están sus padres y los padres de ellos y también los de ellos, por muchas generaciones. A través de todos ellos esa vida ha fluido, pura, sin que nadie haya podido quitarle o agregarle nada. Esa misma vida fluye a través de ellos hasta nosotros. Todos lo hicieron bien. Nadie fue peor, nadie fue mejor. En la transmisión de la vida todos fueron perfectos y todos fueron buenos.
Así miramos ahora a nuestros padres, tal como ellos son, y los vemos perfectos, perfectos al servicio de la vida. Independientemente de lo que ellos hayan hecho o pensado, y más allá de lo que fue su destino; como nuestros padres todo lo hicieron bien. En la transmisión de la vida ellos fueron perfectos. Así, como esos padres perfectos que todo lo hicieron bien, los tomamos en nuestro corazón y les respondemos con la vida y con el amor que a través de ellos comenzaron para nosotros.

Junto a nuestros padres también tomamos a sus padres y a todos nuestros antepasados, y a todos con quienes estamos en sintonía y ellos con nosotros, más allá de lo que esto pueda exigir de nosotros y regalarnos. Los miramos a todos y a cada uno le decimos “Sí”. También a cada uno le decimos: “Gracias”. Junto con ellos nadamos en la gran correntada de la vida, dondequiera que ella nos lleve. Y a esa correntada le decimos: “Nado contigo, dondequiera que tú me arrastres, lejos o cerca. Yo nado contigo. Yo me dejo llevar”.

Bert Hellinger

Confiar en el alma

PARTICIPANTE: ¿Puede usted decir algo sobre cómo continuará este trabajo en los próximos dos años?
HELLINGER: Te voy a contar una historia. Una vez hice en Holanda una constelación familiar con un hombre joven. En ese momento constelamos al cristianismo y al judaísmo, aunque en realidad no pudimos ir muy lejos. Después este joven fue a los Estados Unidos donde organizamos diversos workshops y en una constelación él trabajó como representante. En esa constelación se trató el caso de una familia judía que vivía en los Estados Unidos y él fue elegido para representar al hermano del cliente. En aquel entonces nosotros trabajamos con el trasfondo del Holocausto y fue muy evidente que él se identificaba con los perpetradores. Esta situación me resultó muy curiosa. En ese momento por primera vez me di cuenta que en las familias judías los perpetradores están presentes y que si en la familia se intenta excluirlos ellos serán representados por descendientes de la generación del Holocausto en la familia.
Después me olvidé del hombre – hasta que un par de meses atrás él me envió una carta en la cual me relataba un acontecimiento excepcional. Él escribió que durante el mencionado workshop había conversado conmigo durante la pausa – de lo que yo ya no me acordaba- y decía que yo le había dicho entonces que debía –como ejercicio- descender al reino de los muertos, allí buscar a los perpetradores, tenderse a su lado y decirles: “Yo soy uno de ustedes”.
Como segundo ejercicio él debía imaginarse que la muerte no estaba delante, sino detrás de él y que diariamente debía pedirle su bendición. En tercer lugar yo le habría dicho: “¡No debes hacer ninguno de estos ejercicios!”. “No debes hacer ninguno de estos ejercicios, sino que debes esperar hasta que tu alma se haga cargo de ese trabajo”. Este también habría sido un ejercicio. Tres meses más tarde mientras dormía este hombre tuvo la siguiente extraña experiencia: Mientras estaba acostado y dormía fue vencido por algo así como un sueño, algo que sin embargo era más que un simple sueño: Él formaba parte de un pelotón de fusilamiento que ejecutaba a personas – evidentemente judías- y él mismo de esa manera había matado también a judíos. Luego él fue llevado a un tribunal y tuvo que defenderse frente al juez. Y dijo: “Sí, es cierto, yo soy un asesino. Yo asesiné a personas, a pesar de todo en mi defensa debo decir que yo soy una persona y que depende de las circunstancias si alguien se convierte en un criminal o en una persona decente. Toda persona es capaz de cualquier cosa”. Entonces fue condenado a muerte.
Sin embargo, entre la condena y el día del fusilamiento pasaron muchos meses en los cuales él se despidió de sus familiares y sus seres queridos. Se sentía muy tranquilo y concentrado, con una afilada capacidad perceptiva. El día de su fusilamiento fue llevado a una habitación de la cual sería llevado a la silla eléctrica, pero primero debía esperar algunas horas. Finalmente apareció alguien con la información de que la ejecución había sido aplazada y que aún debía esperar un poco más.

No obstante, todo el tiempo él permaneció interiormente tranquilo y preparado para morir. Entonces le dijeron que el juez había cambiado la sentencia; él no sería condenado a la muerte sino al destierro. Se le había dicho que él mismo podía elegir el lugar donde quisiera vivir en el destierro alejado de todas las personas. Entonces salió de la cárcel.
Todavía en el sueño él dijo las palabras: “Sobreviví a la muerte y me he convertido en una persona completamente nueva. Para mí no existe más la culpa ni la inocencia”. Escribió que después de despertarse se sintió totalmente cambiado y agregó: “En mi percepción los colores se habían vuelto más brillantes y mis movimientos más lentos, porque seguí todo lo que sucedió con gran atención”.
Él simplemente había querido informarme de esta experiencia. Yo la cuento porque estas cosas son posibles cuando confiamos en nuestra alma y dejamos que ella nos guíe.

Bert Hellinger

Hombre y mujer

Para nosotros el mayor misterio de la vida es el hombre y la mujer. Sólo a través de ellos la vida de la humanidad puede continuar. Puede continuar porque en cierto sentido el hombre y la mujer son completamente distintos, tan distintos que un hombre jamás podrá ser una mujer y una mujer jamás podrá ser un hombre. Por el otro lado ellos se atraen mutuamente y consideran al otro como su meta principal, saben que solamente juntos podrán trasmitir la vida que ellos mismos recibieron de un hombre y una mujer a aquellos que seguirán vivos cuando su propia vida se haya cumplido y acabe.
Sus hijos también podrán trasmitir esa vida más allá de la suya propia solamente como hombre y mujer, para que ella los sobreviva. Todo en el hombre se refiere a la mujer como lo muestra nuestra mirada frente a la publicidad cotidiana, y todo en la mujer está al servicio de agradar al hombre para que este la tome como esposa y a través de él se convierta en madre.
Aquí se hace visible una ley que en infinitas variaciones vale para todo lo que vive: Solamente donde se une lo que está separado puede la vida desarrollarse creativamente hacia algo nuevo y hacia una diversidad que le ha sido establecida. Un secreto de cada proceso creativo quedará a la vista y se convertirá en realidad porque en la continuidad de la vida debe interactuar lo que es diferente. En ese proceso no hay repeticiones, todo el tiempo sucede algo nuevo, solamente hay futuro.
Unir lo opuesto, como en este caso las diferentes apariencias del hombre y la mujer y la pulsión de vida que se da en ellos, es una manifestación de aquella fuerza creadora y del espíritu que actúa en ella que nos obliga a reconocer y encontrar el todo en lo opuesto. Aunque solamente sea de forma transitoria, como precisamente sucede con el niño que en sí mismo reúne a ambos padres como hombre y mujer, siempre aparece en la vida una nueva contradicción, otra vez como hombre o mujer.
Los opuestos se hacen visibles aquí y en muchas otras cosas de modos muy diversos. Por ejemplo en los sentimientos de mejor o peor, culpable o inocente y de bueno y malo.
Estos antagonismos actúan en el interior de muchas relaciones de pareja. Ellos agudizan la antítesis hombre y mujer. Ellos sobrecargan el amor del hombre y la mujer y conducen a separaciones que a su vez crean nuevos antagonismos y ponen en marcha un nuevo proceso creativo.
También esas contradicciones confluyen finalmente en aquella oposición creadora de vida del hombre y la mujer. De esa manera ellas también serán superadas. ¿Cómo? Lo aparentemente contradictorio se une sin por ello anular la oposición y de esa manera impulsa la creación y la vida.
¿Particularmente cómo? A través del amor. ¿Qué clase de amor? A través del amor del espíritu creador que engendra las contradicciones, tanto para unirlas como al mismo tiempo volver a establecerlas como contradicciones. Es decir, ese amor que reafirma las contradicciones y las unifica, aceptando ambos lados de modo tal que de ellos surjan nuevas contradicciones para luego poder volver a
superarlas. En sintonía con ese amor creador también le damos nuestro consentimiento a esas contradicciones, las superamos, las volvemos a percibir -aunque con otra forma- y volvemos a superarlas. En sintonía con ese movimiento creador, en la aprobación de la interacción de las contradicciones que mantienen a la vida y al mundo en marcha con nuestro último esfuerzo, en esas contradicciones seremos uno.
Cuando en una relación de pareja las familias de origen pertenecen a religiones diferentes, la mujer debe reconocer que la fe y la religión de su marido tienen el mismo valor que la suya propia. En contrapartida el hombre debe también reconocer que la fe y la religión de su mujer tienen el mismo valor. Pero si lo hacen tendrán una mala conciencia. Por esa razón ellos deberán poder acceder a un plano superior. Sin embargo, con frecuencia se desencadena en la nueva familia una pelea por cuál creencia y cuál sistema de valores posee más fuerza. A menudo uno de los lados toma la conducción, resulta más fuerte que el otro – y entonces se inicia un proceso muy particular.
Los hijos se sienten leales a ambos padres y a ambas familias. Cuando uno de los padres impone su visión del mundo y su creencia, los hijos se alían en secreto con la parte paternal que ha quedado relegada. Ellos lo hacen para mantener la dinámica de su lealtad y el equilibrio del sistema. Por esa razón no existe un triunfo de una parte sobre la otra. Más bien se mantendrá activa por generaciones la tendencia a compensar el desequilibrio – con el resultado de que el perdedor más tarde, en la segunda o tercera generación, vencerá.
Yo me refiero aquí a constataciones que se basan en observaciones propias. Exactamente lo mismo lo pudimos ver aquí. Ellas adquieren una dinámica especial cuando uno de los miembros de la pareja es de ascendencia judía. Queda en evidencia que las raíces judías son más profundas que las cristianas porque el destino de los judíos es mucho más pesado que el de los cristianos, y porque los cristianos cometieron muchas injusticias con los judíos. Estas influencias no pasan desapercibidas. En las familias donde hay creencias mixtas existe la tendencia a encontrar un equilibrio. En estos casos no hay otra solución posible a que ambas familias sean reconocidas como independientes y del mismo valor y como tales sean honradas.

Bert Hellinger

La esperanza

La esperanza nos mantiene con vida si no nos damos por vencidos. ¿Qué esperanza es esa que nos mantiene con vida? La esperanza en nuestra propia fuerza y en una guía que estamos dispuestos a seguir hasta las últimas consecuencias. La seguimos con nuestra vida porque queremos esa vida hasta el final y estamos dispuestos a entregar todo para salvarla.
¿Es esa esperanza nuestra esperanza? ¿Es esa esperanza la respuesta a otra voluntad que quiere llevar nuestra vida más allá de los límites que nuestro propio miedo le fija? Nuestra esperanza saca fuerzas de esa fuerza. En sintonía con esa fuerza nuestra esperanza se volverá irresistible y estará siempre satisfecha.
De ese modo ella le hace frente a las objeciones, vengan de donde vengan, de otros y especialmente cuando vienen de nosotros mismos. Esas objeciones vienen de los otros porque ellos mismos han renunciado a sus esperanzas. Por sobre todo, ellos han renunciado a la voluntad de
luchar hasta el último aliento para ver realmente realizadas esas esperanzas.
Esa esperanza es la esperanza de la vida, de la vida plena, de la vida toda, ligada a la decisión de entregar lo último por ella, cueste lo que cueste.
Esa esperanza es amor a la vida, todo el amor a la vida toda.
¿Cuándo termina la esperanza? Cuando la depositamos en los otros, por ejemplo en los así llamados portadores de esperanza. Nosotros solamente podemos ver satisfecha nuestra propia esperanza, nunca la esperanza de los portadores de esperanza. Sólo con la esencia de nuestra esperanza seguiremos siendo uno con nosotros mismos.
Esa esperanza aparece, sobre todo, cuando la situación se torna peligrosa. Aquí ya no valen las excusas. Actuar se hace ineludible. Todo está preparado para la próxima necesaria intervención.
Esa intervención se convertirá en esperanza puesta en práctica. En la acción ella será el presente.

Bert Hellinger