Taller de Constelaciones 11/09/2021

«El orden viene primero, luego el amor», nos dice Bert Hellinger

“Todos los hijos son buenos y sus padres también”

Pero si observamos, hay niños difíciles y hay padres difíciles. Y padres que se preocupan por sus hijos e hijos que se preocupan por sus padres. ¿Cual es en realidad el trasfondo de este tipo de preocupaciones? ¿Cómo puede ser que los hijos se tengan que preocupar de sus padres? ¿Y cómo puede ser que padres necesiten preocuparse por sus hijos? Y son preocupaciones con amor.

Sin embargo esas preocupaciones se oponen a la sintonía en la familia. Hay que observar que cuando los padres miran a sus hijos, ¿realmente ven a sus hijos? Y cuando los hijos miran a los padres, ¿realmente ven a los padres?

¿O sería útil ver más y comprender más lo que se manifiesta? A eso vemos que algo se opone. El hijo dice: ¿yo? y a los padres ¿tú? Y los padres dicen: ¿yo? Y a los hijos, ¿tú?

Pero los padres alguna vez fueron hijos con padres propios, por los que ellos se preocupaban y con padres que se preocupaban por ellos. ¿Y cómo puede ser? Porque esos hijos dijeron ¿yo? y a sus padres ¿tú? Y los padres dijeron ¿yo? Y a los hijos ¿tú?

Ahora una de las grandes experiencias de las constelaciones familiares, es que estamos unidos a muchas personas al mismo tiempo. Cuando los padres miran a sus hijos y dicen tú… no ven con quien está unido ese hijo con amor, mucho más allá de los padres. Por ejemplo, el hijo está unido con un amor muy profundo con los hermanos que no viven, que han sido olvidados…. El hijo está unido también con amor profundo a los hijos abortados y está unido con amor profundo a otras personas de la familia de los padres, a quienes tampoco recordaron los padres. De repente los padres al mirar al hijo deben ver aquí que hay muchos al mismo tiempo. Y el hijo es uno de muchos con quienes está unido.

Los niños adoptados – Meditación

Cierren los ojos.

Me imagino que ahora hay un niño adoptado y ese niño me dice que fue dado por los padres, y ese niño está enojado con los padres. Siente que fue dejado de lado y en cierta manera también rechaza a los padres.

Yo le digo al niño, mira a tu madre tal como es, ella te dio la vida, solo ella. Tú tienes la vida a través de ella. Pero esta madre está al servicio de una fuerza superior, de la que surge toda la vida y esa fuerza ha determinado que ella es para ti tal como es. Solo, porque es como es, pudo ser tu madre y ella te ha regalado la vida. Toda la vida, no faltó nada, tú has recibido todo de ella, porque estaba al servicio de esa fuerza. Y te dio la vida a un precio alto. Y que te haya dado la vida a ese precio la va a acompañar durante toda una vida, y ella paga un precio alto por tu vida.

Y ahora la miras y miras por encima de ella, más allá de ella, a esa fuerza y le dices: tú me has dado esta madre, como mi madre, para que yo pueda estar vivo. Yo tomo la vida a través de esta madre, tal y como es y a todo el precio que a ella le costó y que a mí me cuesta.

Y ahora miras a tu madre y le dices: “Querida mamá ”, «tú me has sido regalada como mi madre, tal cual eres. Solo porque eres tal como eres yo fui tu hijo y así lo tomo de ti, con todo lo que acompaña y me vale el precio alto que estoy pagando y hago algo bueno con eso, para tu alegría. Debes saber, que de todo esto que tú me regalaste, algo grande va a surgir y siempre vas a seguir siendo mi madre y siempre te llevo en mi corazón, con amor. Gracias».

Y ahora miras a tu padre de la misma manera, tal y como es, tal cual es. Miras por encima de él, hacia esa fuerza grande, que lo ha determinado a él como tu padre. Y le dices «gracias, te tomo a ti como regalado por esa fuerza, solo a través de ti tengo mi vida, solo porque eres tal como eres yo estoy vivo. Gracias. Y lo tomo al precio completo que a ti te costó y que a mí me cuesta. Y hago algo bueno con ello, para tu alegría».

Y luego miras a tus padres adoptivos y miras más allá por encima de ellos. A esa fuerza grande. Esa fuerza grande los eligió para ti, para que te mantengan con vida, y los miras tal como son, tal cual son. Y les dices a ellos, «gracias. Tomo todo lo que ustedes me han regalado, a todo el precio que a ustedes les costó y que a mí me cuesta. Y hago algo bueno con ello para vuestra alegría».

Y ahora miras a tus padres y a tus padres adoptivos, por encima de ellos, a esa gran fuerza y dices: “yo lo tengo todo. Ahora soy libre. Ahora vivo, y vivo totalmente, y transmuto lo que me fue regalado con amor”.

El amor ciego

Di una vez un curso en una escuela grande de México. Había allí un alumno, entre 12 y 14 años, su maestra y sus padres. El joven tenía dificultades con la escuela y ya no quería seguir estudiando. Coloqué pues, a la maestra, al lado de ella puse al muchacho y en frente, a los padres. Miré al joven y le dije: “Estás triste”. Le saltaron las lágrimas de los ojos y su madre también se echó a llorar. Se pudo ver en seguida que su tristeza tenía que ver con la madre. Pregunté a la madre: “¿Qué pasó en tu familia?” a lo que respondió ella:”Mi hermana melliza murió en el parto”. Fue el elemento decisivo, es algo que uno siente en seguida. Coloqué a un representante para la hermana melliza, un poco al costado, con la mirada hacia fuera y con la madre del joven a sus espaldas. Le pregunté a la madre cómo se sentía en ese lugar y contestó:”Aquí me siento bien”. Eso demuestra claramente que quiere seguir a su hermana en la muerte.

Luego la puse otra vez en su lugar inicial y coloqué al joven detrás de la hermana melliza. Le pregunté qué tal estaba y contestó:”Aquí me siento bien”. Le pregunté también a la madre cómo se sentía al ver al niño allí. Su respuesta:” Me siento mejor ahora”. Esto nos muestra que el niño estaba dispuesto a morirse en su lugar. A nadie le asombra que no quiera seguir estudiando. ¿Para qué, si su deseo era morirse? Esa era la situación.

Detrás de muchas enfermedades y problemas de comportamiento de los niños yace esta dinámica precisamente. El niño dice en su corazón: “Te sigo en la muerte” o “Muero en tu lugar” o “Me enfermo en tu lugar” o “Expío en tu lugar”. El niño lo hace por amor. Es frecuente observar que los padres miran al niño pero no ven en absoluto que el niño ama ni ven cómo ama. El niño no puede cambiar nada. Tan sólo si los padres dan un paso, puede el niño también hacer algo.

En este caso, la solución era sencilla. Coloqué otra vez al joven en su sitio y a la hermana melliza al lado de la madre de él. De esta forma, ella fue reintegrada en el seno de la familia. Así, se encontraba la familia de nuevo entera.

¿Es necesario armar algo como un altar familiar, es decir materializar la presencia de la muerta, o basta con la pequeña constelación? Claro, no hay foto de la muerta que se pudiera exponer. ¿Debo hacer un lugar para ella en la casa o debo simplemente hacerle un lugar en mi corazón, o lo uno implica lo otro?

Hellinger: En el corazón, eso es lo esencial. En la constelación, la madre y su hermana estaban cara a cara para empezar, se miraron con mucho amor y se abrazaron muy fuertemente. Luego se colocó la melliza al lado de la madre. Formaba ya parte de la familia.

Pueden imaginarse cómo le va al marido cuando su mujer dice interiormente:”Me muero”. ¿Qué posibilidades existen aún en la relación de la pareja y qué puede hacer él? Pues nada, no puede hacer nada, está entregado al destino de su mujer. En esta constelación, pedí a la mujer que girase hacia su marido y que le dijese:”Ahora me quedo”. Esa fue la frase sanadora. Pudieron abrazarse con amor. Luego la madre giró hacia su niño y le pedí que le dijera: “Ahora me quedo y tú también puedes quedarte”. Al oír esto, su rostro se iluminó. Esa era la solución: la persona que había quedado excluida estaba reintegrada, permitiendo que se completara lo que estaba incompleto.

Bert Hellinger

Sobrepeso y Trastornos de Alimentación

La conciencia del cuerpo nos acerca a la Vida y la relación que tenemos con el alimento indica cómo nos sentimos emocionalmente. Por eso es importante escuchar las señales que nos llegan a través de nuestras conductas alimentarias que muchas veces se dan de forma automática y escapan al control o a la fuerza de voluntad, como ingerir ciertos alimentos de forma compulsiva, con ansiedad, y en algunos casos, rechazar el alimento hasta llegar a la inanición.

La comida es una metáfora del amor emocional en nuestra vida, aún más cuando se trata del “dulce”. Comer compulsivamente es buscar el amor de la madre en la comida para llenar ese vacío que sólo puede ocupar el amor de una madre. Biológicamente estamos programados para nacer y ser amamantados por nuestra madre. Ella nos nutre durante todo el embarazo a través de sus emociones y de todo lo que ella ingiere, y al nacer, el vínculo afectivo que se refuerza entre madre e hijo/a durante la lactancia, ya es indiscutible. De ahí que la relación con la comida nos remita a nuestro vínculo afectivo con la madre.

Detrás de la ansiedad por la comida, suele haber un rechazo a la madre. Al rechazarla la persona no ha tomado el amor de su madre, porque en el fondo le exige que sea de otra forma a como es y a como puede ser. Por eso el primer paso para solucionar muchos de los problemas con la alimentación, es el trabajo interior de “tomar a la madre”, que consiste NO en que ella cambie o en que ella nos trate como uno quisiera, sino en aceptar incondicionalmente a la madre tal y como es, sin esperar a que ella cambie, ocupando nuestro lugar de hijos/as, porque es el único lugar que nos corresponde respecto a ella. Lo contrario sería un desorden sistémico. Ésa es la forma de llenarnos de su amor y de transformar nuestra historia con ella.

La solución está en llenarnos del amor de nuestra madre mediante esa aceptación incondicional, para no necesitar llenarnos de forma compulsiva de comida, y poder tener una relación sana con ésta.

En Constelaciones Familiares vemos que hay personas que no han tomado a su madre, porque inconscientemente están remplazando a ancestros anteriores, y ese remplazo no les permite estar en su lugar de hijos con respecto a sus padres, por eso, a un nivel profundo, no les pueden ver como a sus progenitores.

Por otro lado, también encontramos personas que tienen una alimentación equilibrada pero igualmente están por encima de su peso saludable habiendo intentado diversas dietas, con la consiguiente frustración que esto conlleva. Esto es porque nuestro cuerpo guarda las memorias de todo lo sucedido en nosotros y también nos es transmitida la memoria de ciertos sucesos relacionados con nuestros ancestros de conflictos que quedaron sin resolver.

– Un ejemplo de los dos supuestos anteriores sería el estar vinculado de forma inconsciente a abortos del sistema familiar que han sido olvidados o excluidos. El cuerpo recuerda estos abortos a través de acumular grasa en determinadas zonas del cuerpo como el vientre. Éste podría ser el caso de personas que engordan fundamentalmente en la zona del abdomen (donde se desarrollan los embarazos), y es una de las causas subyacentes que hay también tras la obesidad, desde el punto de vista sistémico, la fidelidad a los abortos del sistema.
– Además, se puede observar que muchas personas que tienen fidelidad a abortos del sistema, no identifican la figura materna con su madre biológica, sino que la imagen interna que tienen de una madre tiene que ver con las madres de todos esos abortos a los que esa persona está reemplazando. Ése es uno de los motivos por los que la persona no ha tomado a su madre, no consigue verla, porque primero es necesario sanar esa fidelidad o identificación con esos abortos, para que pueda girarse a mirar a su madre y a toda su vida tal como es. Por supuesto todo esto sucede de modo inconsciente y se puede observar en la constelación de esas personas.

OBESIDAD

Al igual que en el sobrepeso, los kilos de más pueden ser una forma de ponerse a salvo, una barrera alrededor de la persona que le protege de que le puedan hacer daño.

En la obesidad, hay varios factores:

  • Suceso traumático en la vida de la persona que actúa de desencadenante de la obesidad, por el cuál cree que necesita protegerse del exterior y se esconde detrás de la grasa
  • Fidelidad a una o varias desgracias familiares, que aún no se han digerido, y cuya carga emocional está llevando la persona sobre su cuerpo.
  • No se ha tomado a la madre.
  • Fidelidad a abortos del sistema.

ANOREXIA Y BULIMIA

La bulimia y la anorexia, pueden ser las dos caras de la misma moneda. Una anorexia mal curada puede desembocar en bulimia, y la persona parece que se ha “curado”, porque se le ve comer, pero coger peso no significa necesariamente que la persona se haya sanado a nivel profundo. Por eso es importante tener en cuenta la sanación que la sistémica nos puede ofrecer, puesta en práctica en las Constelaciones Familiares.

Desde esta perspectiva, se puede observar como la persona con anorexia, lo que busca inconscientemente, la mayoría de las veces, es morir en lugar del padre. En la negación del alimento se está negando la propia vida. A través de la enfermedad le dice a su padre “yo muero en tu lugar”. Salvo excepciones, es una fidelidad al padre que está mirando a la muerte de una u otra forma por cómo éste se siente o por algo que sucede en su vida.
Sanación: Poder decirle al padre internamente “padre, yo me quedo en la vida”.

Anorexia con vómito

Cuando la persona con anorexia comienza a comer mejor, al tomar el alimento está tomando la vida. Eso puede suponerle culpa, por dejar de ser fiel a su padre en la muerte, y al no sostener esa culpa, se produce el vómito, como una mirada de nuevo hacia la muerte.

Bulimia

En la bulimia, donde se intercalan atracones con episodios de vómitos, se suele observar en la mayoría de los casos, que la madre rechaza al padre y le dice a su hijo/a, implícita o explícitamente, “toma sólo lo que te viene de mi, no tomes lo de tu padre”. Entonces el atracón cumple la función de la fidelidad a la madre, y en el vómito se vuelve de nuevo a la fidelidad al padre.
El hijo cree que si toma de uno no puede tomar del otro, y pensar en tomar a los dos le produce una culpabilidad inmensa.

La sanación viene de poder decir a los padres e integrar:

“Papá, mamá, dejo vuestra vida privada con vosotros, vuestros asuntos son sólo vuestros, a mi no me incumben. Ahora elijo preferiros por igual y tomar de los dos por igual (Visualizándolos como una unidad) Vosotros sois los grandes, y yo soy la pequeña/o. Papá, te doy un lugar en mi corazón como a mi padre. Mamá, te doy un lugar en mi corazón como a mi madre”.
El cuerpo y el inconsciente son uno, por eso es tan común somatizar conflictos sin resolver a través del cuerpo.

Las Constelaciones Familiares ayudan a liberar parte de esa energía bloqueada de nuestro sistema familiar que hace que nuestro cuerpo somatice a través de la alimentación y de nuestro cuerpo. No es necesario saber conscientemente lo que está produciendo el trastorno o el desequilibrio en la alimentación, ya que la constelación hará su trabajo sin necesidad de saber de forma consciente, pues toda la información está en el inconsciente.

El conocimiento

Existen dos tipos de conocimiento. El primero es: conozco algo que existe. Por ejemplo, puedo contar el número de participantes aquí presentes. Tengo el conocimiento de cuántos han venido. Para eso, ellos tienen que estar ya aquí, para que los pueda contar y saber algo de ellos. Eso es el modo de conocimiento del que habitualmente hablamos. 

El conocimiento del espíritu en cambio es siempre nuevo, no se refiere a nada que ya esté aquí. Es siempre nuevo. 

Además, los movimientos que nos mantienen en´la vida no son establecidos una vez para siempre, sino que se renuevan en cada instante. Siempre nuevos. Todo lo que transcurre en nosotros es siempre nuevo. No hay nada viejo. Todo lo que se mueve lo hace alejándose de algo ya existente hacia algo nuevo. De esta manera, estamos continuamente mantenidos en movimiento y en vida por este espíritu. 

Este conocimiento del espíritu por ser nuevo es primero. Es conocimiento creador. Nos podemos adentrar en el movimiento del espíritu con un conocimiento creador y eso se llama mística natural. 

Al sintonizar con este movimiento creador, al pensar en modo creativo, nuestro pensamiento se alinea con el movimiento del espíritu. Entonces, conocemos de modo directo lo nuevo que a su vez sirve a la vida y al amor. 

Asimismo, todo lo que pensamos tiene efecto. Pero no siempre está en armonía con el movimiento del espíritu. Mucho de ello se encuentra en oposición, por decirlo así, al movimiento. Pero eso no tiene importancia. Si pensamos errado, esto sirve para educarnos, porque nos tocará sentir los efectos. Y así, maduramos y aprendemos. Sin deslices y sin errores no puede haber desarrollo. Todo crecimiento se basa en fallos. La infalibilidad es lo peor que hay, porque todo se detiene ahí. 

Eso constituye la mística, una mística muy corriente, surgida de la observación directa de lo que hay. 

Bert Hellinger

Un nuevo despertar de la conciencia: el sentido trascendente de este tiempo

¿Es posible transformar este estado de preocupación, de desolación y de pérdida y sentir que también se nos devuelve una oportunidad? ¿Es posible encontrar un sentido más profundo a este momento?
Una vez más, la vida nos vuelve a poner a todos frente otro gran “no”. El tiempo por venir regresa empoderado de urgencia, de restricción y de encierro. ¿Es posible transformar este estado de preocupación, de desolación y de pérdida y encontrar un sentido trascendente a este tiempo?Estoy segura de que sí, por eso me atrevo a escribir estos párrafos, ahora y en este lugar.

Bien lejos de los slogans de moda un poco pervertidos por el abuso y la banalización, hay personas que tienen la palabra y la transmisión de saberes autorizados, por la maestría y la coherencia que les da su trabajo personal.

En ocasiones, tengo el privilegio de compartir conversaciones profunda con ellas y los privilegios son para compartir. Este tiempo, me encontró hablando en profundidad con Sara Levita sobre el propósito mayor de este tiempo inédito que parece no tener fin. Como muchos saben, Sara es la mayor referente de constelaciones familiares en Argentina. Además de ser psicóloga con orientación junguiana, tiene un amplio bagaje de saberes legitimados por la Academia, y otros, por la enseñanza espiritual a la que tuvo acceso desde muy joven. Estoy segura de que su palabra y su explicación sobre el sentido trascendente de este tiempo, puede acompañar a muchos y a muchas más.

“El sentido trascendente de este tiempo, está relacionado con el llamado urgente al despertar de la conciencia. Sin embargo, a cada uno de nosotros, todo este movimiento casi obligado, nos encuentra posicionados en un lugar diferente. Por eso lo trascendente, para cada uno, se va a vivir de una manera única de acuerdo a cual sea nuestro punto de partida” explica Sara.

“Es un proceso que todos podemos elegir hacer, para ampliar y profundizar nuestra visión, y nuestra perspectiva.

Desde hace más tiempo del que puedo recordar se habla mucho de este despertar. Ahora es un concepto que se ha naturalizado en ámbitos insospechados, pero muchas veces, “el despertar” se llena de brillantina espiritual y la confusión se acrecienta. Muchos lo utilizan para justificar lo que sea que suceda y evadir así cualquier compromiso con el proceso, que en realidad, necesita de nuestra activa participación. Entonces, la pregunta se precipita con urgencia. ¿En qué consiste, en realidad, el despertar de la conciencia? ¿A qué nos convoca? ¿Cómo se experimenta?

Qué entendemos por “despertar”

“Es un proceso que todos podemos elegir hacer, para ampliar y profundizar nuestra visión, y nuestra perspectiva. Si logramos recordar y sentir que somos mucho más que lo que ahora creemos podremos ir alcanzando nuevas comprensiones, expandir nuestro corazón y reformular nuestro sistema de creencias. Ahora, se propicia otra vez, la posibilidad de estar más tiempo en contacto con nosotros mismos y en nosotros. Podemos usar estas circunstancias a nuestro favor, tomar la oportunidad y dejar de resistir el contacto íntimo con quienes somos para permitirnos empezar a cambiar lo que este presente nos hace sentir y sobre el sentido más profundo de este tiempo, que nos convoca a hacer un proceso individual y colectivo de transformación”, explica Sara Levita quien también dirige el centro de Constelaciones familiares Athy.

Estamos todos atravesando un canal de parto. “Este ciclo, también es similar a un momento de nacimiento. Previamente, al nacimiento existe un proceso de parto que es muy doloroso. Así llegamos a la vida, a través de los dolores de parto. Nacer es un hecho traumático. Llegar a la vida implica que toda una vida intrauterina que en ese instante queda en el pasado, para poder vivir lo nuevo que espera por nosotros”.

Sara no tiene dudas. Ella está segura de que hoy estamos viviendo, todos, un parto colectivo. “Cada uno de nosotros está atravesando ese canal de parto, de forma individual a partir de la conciencia y del desarrollo espiritual que este tiempo nos encuentra. El canal de parto es muy doloroso y traumático. Aunque la conciencia no lo tenga todavía presente y en la mayoría de las personas este saber no termine de encarnar en su cuerpo, el alma si sabe que todo este movimiento tiene que ver con poder llegar a lo nuevo, un nuevo estado de la conciencia.”

Para explicar este tiempo, Sara sigue con la analogía con el nacimiento: “Nosotros no tenemos memoria de lo que sentimos cuando de pronto nacemos por parto natural y encajamos en el canal de parto. Es un espacio de máxima estrechez en el que nos sentimos mal, si cabe la palabra mal, urgidos en seguir hacia adelante porque ya no podemos volver hacia atrás y sabemos que si en ese lugar permanecemos, lo que nos vino dando vida durante 7, 8 o 9 meses nos la puede terminar quitando. Entonces en ese instante somos todos empujados a seguir hacia adelante hacia un lugar desconocido, nuevo, donde no tenemos control, donde no tenemos una imagen previa, pero sin embargo sabemos que hay algo que hacia ahí nos conduce. Yo entiendo que algo semejante está sucediendo en este momento. Estamos encajados todavía en esa suerte de canal de parto, donde todo es estrecho, donde todo es limitante, donde hay poco espacio para moverse, de hecho nos piden que nos quedemos en casa, donde no tenemos control sobre nada, no nos podemos anticipar a nada, donde cada día la información es diferente, y por ende cada día las recomendaciones son distintas. Ya no estamos haciendo identidad en todo lo que antes de la pandemia nos daba sentido a nuestra vida tal como la estábamos experimentando, pero tampoco todavía llegamos a lo nuevo. Por eso este es un tiempo muy difícil para el aspecto egoico de cada uno de nosotros que en general, pretende vivir con certidumbre, vivir con seguridad y aferrado a lo conocido en donde sosteníamos la ilusión de que nuestra vida se podía controlar, de alguna manera”.

¿Cómo saber si lo estamos haciendo bien?

Si bien somos muchos los que sabemos que cuando este tiempo termine y dejemos de vivir en una eterna turbulencia y obligados a nueva forma para todo, habremos llegado a un mejor lugar, el tránsito hacia lo nuevo, nos trae dolor, apatía, sin sentido. Una pregunta inquietante y fundamental es ¿cómo saber si lo estoy transitando bien? ¿Cómo saber que estamos yendo hacia algo mejor, si en realidad muchas veces nos sentimos peor?

El despertar de conciencia tiene que ver con la mirada que cada uno de nosotros nos permitamos tener en este momento sobre el propio proceso personal.

“La clave de esta experiencia está muy relacionada con el ego. No somos solamente ese Yo. Somos algo mucho más grande. Esto es, en parte, lo que estamos siendo obligados a trabajar. Por más que queramos darle al ego supremacía, nada conspira a favor de que eso pueda resultar. Cuando insistimos en hacer identidad en lo que ya no somos y en lo que ya no es, el miedo, la inseguridad y la angustia se acrecientan. El despertar de conciencia tiene que ver con la mirada que cada uno de nosotros nos permitamos tener en este momento sobre el propio proceso personal. Hay un momento, en la vida de cada uno donde los golpes que el ego recibe son tantos que finalmente podemos decir ‘suficiente’. Es entonces cuando finalmente nos podemos inclinar ante lo que es, con ese movimiento también se produce la posibilidad de honrar a este destino colectivo que nos está invitando a ofrecernos al servicio de él. Por eso este es un tiempo de atravesar otro umbral bendito, aunque en un nivel, solo nos traiga dolor. Nuestra lección va a estar dada por la conciencia. Una comprensión más profunda de lo que sucede, nos va a permitir entrar y salir de los estados que estamos obligados a atravesar con mayor facilidad. No vamos a poder evitar entrar en las emociones y en los pensamientos caóticos. Lo que sí podemos trabajar con todas las herramientas, saberes y comprensiones que tengamos en este momento, es cuánto tiempo vamos a permanecer en ese lugar. De acuerdo a ese tiempo serán los costos personales y emocionales que vamos a pagar. Es ahí cuando nuestro libre albedrío y nuestra responsabilidad emergen de forma más evidente y todo se manifiestan de forma más clara como una real oportunidad”, sostiene Sara.

Este proceso, y este tiempo, también nos provoca tristeza y cierto ensimismamiento. Para ir a buscar ese nuevo destino, esa nueva conciencia, cada uno de nosotros tiene que dejar morir certezas y aspectos de la personalidad que ya no son. Estamos también, haciendo un duelo de nuestro antiguo ego. Es semejante a ese momento que comparten todas las historias de héroes con las que hemos crecido. Llega el tiempo en el que el protagonista tiene que hacer una ofrenda a los dioses. Para dar el siguiente paso, está obligado a hacer un sacrificio.

“Entiendo que llegó ese tiempo, en el que todo lo que está sucediendo está al servicio de reconocernos como parte de un destino colectivo. ¿Para qué? Para que, a partir de los que quizás pudieron andar estos pasos antes, sumado a los que están dándolos ahora, y a quienes quizás los van a dar un poco más adelante, confluyamos todos, al fin como humanidad y podamos alcanzar una expansión en nuestra conciencia. Esta expansión, nos permitirá recuperar una certeza necesaria y otra pertenencia para vivir la vida de una nueva forma. Necesitamos reconocer que somos parte de una red y que la red está al servicio de un propósito que es la Vida Misma, con mayúscula. No es casual que, en este tiempo estemos priorizando y revalorizando la vida personal, la del prójimo y la de toda la humanidad. Sin dudarlo, hay una nueva vida que espera por nosotros”, afirma Sara.

Que así sea.

Reflexiones: La grandeza

gran

¿Dónde radica mi grandeza? En mi servicio a la vida, tal vez incluso en el servicio de la vida para muchas personas. ¿Pero qué o quién aquí sirve la vida? ¿Seré yo, desde mi fuerza, desde mi comprensión, por encargo propio, en mi interés? ¿De dónde me vienen mi fuerza y mi tarea? ¿Acaso me las puedo atribuir, como si yo estuviera al origen de ellas y como si estuvieran a disposición de mi juicio, de mi humor y de mi buen placer? Cuando percibo cuánto proviene de mí personalmente en lo que hago, ¿qué es lo que queda de mí? ¿Acaso no se encoge mi grandeza si me la atribuyo, reduciéndose a poco, incluso a nada?

Otro tema es lo que, en sintonía con fuerzas más grandes, me sale logrado, porque otros también lo experimentan como grande e importante, y por eso permanece grande. No obstante, hace una diferencia si ellos, igual que yo, lo experimentan y lo toman como viniendo de lejos, desde otras fuerzas o si, de lo contrario, miran hacia mí, tomándolo de mí, sintiendo necesidad de agradecerme, como si yo lo hubiera hecho y completado solo. Si ellos lo viven como viniendo de otras fuerzas, de aquellas que actúan potentemente detrás de toda vida, lo toman de estas fuerzas, como un obsequio de ellas. Entonces, en aquel instante, se transforma en algo que les pertenece tanto como a mí. Tienen el permiso para prescindir de mí, incluso olvidarme. Tanto más se mantendrá y actuará esta grandeza, sin resistencias internas, al servicio de sus vidas.

Esta grandeza ha hecho también algo para mí, algo grande. Si reconozco que me he puesto al servicio de otras fuerzas, tengo el permiso para llevarla a mi vida y a mi amor. ¿Cómo? Humildemente. Precisamente porque actúa tan grande y ampliamente, yo reconozco que sobrepasa mis capacidades, mis deseos y voluntad, mis miedos. Reconozco que siguió un movimiento y que yo sólo fui llevado por ella.

¿Me puedo alegrar por esta grandeza? Si me alegro por ella y por mis éxitos, ¿qué me pasa? ¿Me mantengo aún en sintonía con este movimiento? ¿O se aleja ella hacia otro lado y sin mí, hasta tal vez, de alguna forma, voltearse en contra de mí, por ejemplo a través del rechazo al que se confrontan estos éxitos, sean cuales sean?

¿Cómo escapo a las consecuencias de alegrarme por mis logros? Dejo los éxitos atrás y permito que un movimiento aún mayor me lleve hacia un nuevo hacer al servicio de la vida, aquí también sobrepasando mis deseos, mis ilusiones y mis miedos.

¿Cómo se queda pues, mi grandeza? Se queda, pero sin el “mi”.

 

bert

Bert Hellinger

Historia de Sanación

rio1

Existe una frase de Rilke, donde él dice:” ¿Quién vive la vida? ¿La vives tú, Dios, la vida? ” ¿Será que otra fuerza vive nuestra vida y que nosotros solamente nos debemos entregar a ella y confiar? ¡Os cuento una historia, muy simple, lejos de lo profundo y de lo lejano y del karma! Es una historia de sanación. Se encuentra en el Antiguo Testamento. La tomo sin más de la Biblia. Por cierto, me he permitido pequeños cambios, pero es una historia bíblica. ¿La queréis oír? Cuando la escucháis, olvidad lo que habéis oído sobre las enfermedades y sobre los esfuerzos que muchos hacen para deshacerse de ellas.

La exigencia
En el país de Arán, ahí donde se encuentra Siria hoy en día, vivía en tiempos antiguos un general, que amaba a su rey y le era fiel, habiendo conseguido por él ya muchas victorias importantes. Pero algo fallaba con él. No podía más entrar en contacto con nadie, ni siquiera con su mujer, porque padecía lepra.

Un día, oyó una esclava comentar que en su país existía un hombre que conocía el remedio para su enfermedad. Entonces, organizó una importante escolta, cogió unos diez talentos de plata, seis mil piezas de oro, diez trajes de fiesta más una carta de recomendaciones de su rey y emprendió camino. Después de un largo viaje y algunos desvíos, el hombre alcanzó la morada del curandero. Ahí delante se encontró, con toda la comitiva y sus numerosos tesoros, llevando de la mano la carta de su rey. Llamó para que lo dejaran pasar. Pero nadie hizo caso de su presencia. Se empezó a intranquilizar y a sentirse irritado. De pronto, se abrió una puerta, salió un servidor y le dijo:”Mi amo te manda decir que te bañes en el Jordán y esto te sanará”.

El general pensó que se burlaban de él y se sintió ridiculizado. “¿Qué? dijo, ¿éste se pretende un curandero? ¡Habría podido venir a atenderme, habría podido llamar a su dios y celebrar algún ritual, habría tenido que tocar con sus manos cada herida de mi piel! ¡Esto me habría quizás ayudado!”Enfurecido, se dio la vuelta y se fue para casa.

¿Os suena esto? A mí me suena. El curandero acababa de perder a otro cliente. ¿Sigo con la historia?

Habiendo viajado ya un día entero de vuelta a su país, los servidores del general se le acercaron y le trataron de convencer buenamente: “Amado padre, si este brujo te hubiera pedido algo inhabitual, como por ejemplo, que te subieras a un barco para alcanzar algún reino lejano, si te hubiera exigido prosternar ante dioses desconocidos, y si hubieras perdido tu fortuna en ello, por cierto lo habrías hecho. Pero ahora, te ha pedido algo de lo más sencillo y habitual.” El general se dejó convencer. Desalentado y malhumorado, se dirigió hacia el Jordán, se lavó de mala gana en el agua- y ocurrió un milagro. Eso era una terapia ultra corta, por supuesto.

Al llegar a su casa de vuelta, su mujer quiso saber cómo le había ido. “Ay, dijo, estoy bien otra vez. Pero en realidad, no pasó nada en especial.”

¿Queréis que lo aplique a nuestra situación aquí? Claro que sé a quién representa el Jordán. Lo sé de experiencia. Siempre lo mismo. Se vuelve casi aburrido ya, a la larga, hablar de lo mismo. Pero existen tantas variaciones que se vuelve interesante otra vez. Entonces, el Jordán en el que nos adentramos, por el que nos dejamos tocar y sanar, es nuestra madre. Ahí comienza la sanación.

Desalentados y malhumorados, igual nos acercamos y entonces, nos volvemos pequeños. Ante nuestra madre, nos volvemos pequeños y humildes. Esperamos lo que ella nos brinda. Lo tomamos en nuestro corazón con amor, la vida.

madre

Meditación: sanación gracias a la madre
Nos acercamos con humildad hacia nuestra madre, tal como es. Así como es, nos ha regalado la vida. No tuvo que ser diferente. Porque era como es, nuestra vida llegó a través de ella hasta nosotros.

Ahora nos bañamos en esta vida, en este amor, hasta ser puros, purificados de nuestros reproches, de nuestras imágenes que le hacen injusticia a ella, injusticia a la vida.

Abordamos la orilla, purificados. De esta manera puros, empezamos nuevamente nuestra vida, con amor, con salud, llevados por fuerzas más grandes, y de pronto estamos en el amor, el amor completo.

 

bert

Bert Hellinger

Enfermedad y karma

karma

Las enfermedades sacan a la luz algo inconcluso. Nuestra gestión habitual de la enfermedad impide que esto ocurra porque, lo que buscamos en la mayoría de las veces, es deshacernos de ella. Podría decir incluso: de esta misma manera, nos queremos deshacer de un karma. Y cuando nos hemos librado así de la enfermedad, el karma sigue su camino. Esa forma de tratar la enfermedad se eleva en contra de la salud en su totalidad. Sobre todo, se eleva en contra de un amor más grande.

En las enfermedades, podemos observar que ellas representan a personas que han sido excluidas. Estas personas, a través de la enfermedad, piden la palabra. Si les permitimos manifestarse, puede a continuación iniciarse en nuestro interior un movimiento hacia estas personas excluidas. Entonces, la enfermedad cumple con su propósito. Está al servicio de un amor más grande.

A veces, sabemos quiénes son las personas excluidas. Por ejemplo, sabemos si un hijo ha sido dado o si ha sido abortado. A veces, sabemos si alguien en la familia ha sido condenado por ser un criminal, llevando a que nadie más quiera meterse con él. No obstante, él sigue perteneciendo a la familia y se manifiesta en una enfermedad. Por lo tanto, se trata en caso de enfermedad sobre todo de asentir a ella, tal como se presenta. Sólo con este asentimiento, puede la enfermedad empezar el movimiento que incluirá nuevamente a los excluidos.

sana

Meditación: Sanación a través de otra consciencia
Nos adentramos ahora en nuestro cuerpo y sentimos dónde algo duele, dónde algo perdió su equilibrio, dónde algo dejó de funcionar enteramente, y lo miramos. De cerca, con precisión, siguiendo nuestro sentir. Luego, creamos una distancia entre eso y nosotros, de modo que pueda estar fuera de nosotros, de pie, tumbado o en movimiento.

Con este mayor distanciamiento, nos exponemos a ello. Nos exponemos como personas. Entonces, nos elevamos a una dimensión del espíritu, más allá de ello, y sintonizamos con una consciencia abarcadora. Esta consciencia mira a nuestras enfermedades y a nuestros dolores, los ve en otro contexto y contempla la totalidad con un amor creador. A la luz de este amor, algo sanador se pone en marcha, juntando en su movimiento las partes separadas, para que puedan encontrar la calma y tumbarse para dormir.

Entonces, nos retiramos de aquello que pasó y dejamos que, por si mismo, se ordene.

Regresamos a nuestro cuerpo, en sintonía con estas otras fuerzas y con esta otra consciencia, y decimos: gracias.

La percepción

Dentro del campo, la percepción de los miembros del grupo es reducida.

per

En un campo, todos los patrones se repiten, y claro también los patrones de comportamientos humanos, principalmente porque lo excluido o los excluidos excluyen también con toda buena consciencia a aquellos que los excluyeron, de manera que el conflicto entre ellos no es más que un conflicto entre dos buenas consciencias que se oponen. Ambas están restringidas y ambas están en un delirio que les hace creer que podrán finalmente vencer al otro y librarse de él.

Por lo tanto, la rueda del conflicto gira alternadamente de tal manera que los “buenos” de antes se vuelven los “malos” de después, y a la inversa, los “malos” de antes” son los “buenos” de ahora.

Rupert Sheldrake ha observado que un campo sólo puede modificarse cuando un impulso nuevo, originado desde el exterior, lo viene a poner en movimiento. Este impulso es algo espiritual, es decir que llega desde una nueva comprensión. En un principio, el campo se niega a esa comprensión e intenta reprimirla. No obstante, en cuanto un número suficiente grande de miembros del campo es abarcado por esa comprensión nueva, se inicia un movimiento de todo el campo. Se logra abrir a la comprensión. Consigue dejar atrás lo desfasado y actuar de otra forma.

Una comprensión nueva sería, por ejemplo, la percepción de que los conflictos graves tienen su origen en la buena consciencia y que ganan sus energías agresivas de ella.

Otra comprensión se dio a raíz de las constelaciones familiares y su desarrollo en el andar con los movimientos del alma. Se ha visto que, al otorgar suficiente tiempo a los representantes de una constelación y cuando se encuentran centrados, son repentinamente cogidos por un movimiento que se orienta siempre en la misma dirección, y eso sin interferencia de fuera. Este movimiento lleva a juntarse, en un plano superior, a lo que estaba anteriormente separado. De esta manera, estos movimientos del alma nos trasladan a un camino de conocimiento al final del cual los grandes conflictos pierden su fascinación y su sentido.

Estos movimientos sobrepasan las fronteras de la buena consciencia y por lo tanto, las fronteras del grupo propio, re-unifican lo que estaba separado para formar una unidad mayor, que enriquece ambas partes y las hace ir hacia delante.

conc-1080x630 copia

La otra consciencia
En el nivel de los movimientos del alma, actúa otra consciencia. A la par de esa consciencia que nos hace sentir culpables o inocentes, existe y se nos hace perceptible aquella consciencia que nos orienta en sintonía con algo más grande, más allá de las fronteras de nuestro grupo y que une, a un nivel superior, lo que se encontraba aquí en oposición. Pero solamente cuando ya hemos recorrido un trecho del camino que nos lleva a sobrepasar los límites de nuestra consciencia habitual. Esta otra consciencia se hace notar a través de la tranquilidad o la intranquilidad, de la serenidad centrada o también de un sentimiento de ausencia de metas, de agitación y de ya-no-saber-nada. Tras de que, si acaso perdemos nuestro recogimiento, acabamos nuevamente bajo la influencia de la buena y mala consciencia. Porque la sintonía significa que estoy con muchos, y finalmente con todos, en sintonía y que no soy enemigo de nadie. En cambio, en el marco de influencia de la buena consciencia, estoy únicamente vinculado a un lado, en conflicto con el otro lado, hasta la voluntad de exterminio.

Entrar en el campo de influencia de la otra consciencia, significa pues que dejamos atrás las imágenes de enemistad. A decir verdad, existe también en ese nivel el conflicto – eso pertenece inevitablemente a todo crecimiento y desarrollo – pero sin imágenes y sin voluntad de exterminio. Y más que todo, sin ímpetu y sin afán.

¿Dónde pues empieza la gran paz? Ahí donde acaba la voluntad de exterminio, cual sea su justificación, y ahí donde el individuo reconoce que no hay humanos mejores y humanos peores. Todos están intrincados a su manera, y por lo tanto atados, ni más ni menos que nosotros. En ese sentido, somos todos iguales.

Cuando lo percibimos y lo reconocemos, cuando realizamos que nuestra consciencia no nos deja libres, podemos encontrarnos mutuamente sin arrogancia. Respetando las fronteras que se nos imponen, podemos echar un ojo por encima de nuestra buena consciencia y andar más allá y encontrarnos en algo más grande. Aquí empieza la gran paz.

El otro amor
El camino hacia esta paz lo va preparando otro amor, un amor que lleva más allá de las fronteras de la buena consciencia. Jesús ha descrito este camino, así como lo dice: “Sed misericordiosos como mi Padre en el cielo. Él deja brillar el sol sobre los buenos y los malos y deja llover sobre los justos y los injustos”.

Ese amor por todos tal como son, es el otro amor, el gran amor, más allá del bien y del mal y más allá de los grandes conflictos.